ANTE EL FUTURO INCIERTO DE LOS MERCADOS.
Por Alberto
Costa
(Publicado
por INDICADOR de Economía, Nº 32, septiembre 2003.)
Decía Jorge Luis Borges, refiriéndose a un personaje
de un cuento suyo, que le había tocado vivir épocas
difíciles, como a todos los hombres. Algo así
podemos pensar sobre esta época. Seguramente no es
muy distinta a otras épocas, en lo que a mercados se
refiere, por lo menos.
Lo que
sí es cierto es que nuestros referentes exteriores
actuales son muy inconstantes, parecería que no hay
más remedio que apoyarse en la propia intuición
y desarrollarla lo más posible. Una buena forma de
hacerlo es mirar hacia uno mismo, al complicadísimo
funcionamiento del propio cuerpo. Ahí está el
ejemplo más claro de la fuerza que ya tenemos y la
que podemos conseguir.
Parece
que nos fuéramos del tema, sin embargo la posibilidad
es clara, conviene utilizar la memoria y la imaginación.
Porque lo que sabemos, porque nos lo han dicho los médicos,
o porque lo hemos leído, es que lo importante para
nuestro cuerpo es conservar la flexibilidad, prevenir los
endurecimientos de los conductos y de las articulaciones.
Si
pensamos en capitales o en empresas y utilizamos esto que
sabemos, veremos que es más que conveniente, frente
a un futuro incierto en los mercados, mantener el máximo
de flexibilidad, evitar el esclerosamiento de los conductos
de información y conseguir que nuestra estructura esté
muy bien articulada y las articulaciones en muy buen estado,
como para adaptarse a los vaivenes de ésta y de cualquier
otra época.
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