4. CLASIFICACIÓN.
Para adecuar o modificar nuestros planes, si es que resulta
necesario, debemos tener en cuenta que nuestra propia evolución
mental, emocional y sentimental, se ha dado dentro de un progreso
natural, como organismos vivos muy complejos, incluidos dentro
de un contexto familiar y social. La interrelación
entre nosotros y nuestro medio ambiente es total, aunque no
siempre la tengamos presente en la superficie de nuestra conciencia.
Lo
que nos interesa en este momento está condicionado
por nuestro sistema de ideas y de valores, pero este sistema
se ha ido formando en nosotros desde nuestra primera infancia.
Lo hemos modificado. Le hemos agregado, o quitado, o reinterpretado,
algunos valores y algunas ideas. Esto se fue dando en algunas
etapas cruciales de nuestro propio desarrollo.
Es
deseable y muy conveniente que lo sigamos haciendo con cierta
periodicidad. Pero no siempre se hace así.
Un
problema que suele surgir, es que algunas personas llegan
a un momento en el que se dicen que ya están totalmente
desarrollados, y no vuelven a revisar sus sistemas de ideas
y valores. Esto significa que es muy probable que algunos
modelos referenciales que utilizan con toda naturalidad pueden
haber perdido vigencia.
La
propia dinámica que llevamos, marcada por urgencias
inmediatistas, nos dificulta, en la mayoría de las
situaciones, la verificación de los datos que utilizamos
como base para el análisis de nosotros mismos frente
a nuestro propósito y a nuestras posibilidades.
Es
prácticamente imposible ser iguales a nosotros mismos
a través de toda nuestra historia. Sin embargo, algunos
de los valores, conceptos y significados, que utilizamos,
los hemos incorporado en etapas anteriores, cargadas de emociones
que tuvieron que ver con el momento en que las fijamos en
nuestro sistema psíquico. El encuentro con una persona
con autoridad, por ejemplo, puede estar ligado con una sensación
íntima de pequeñez y de desprotección
que se corresponde con una vivencia particular del pasado.
Es
indudable que necesitamos observar, contrastar y diferenciar,
lo que nos sucede hoy, en nuestro funcionamiento cotidiano,
en nuestra decisión de cumplir con nuestro objetivo,
con aquella sensación que, aunque nos haya marcado
profundamente, ya no tiene porque afectarnos de la misma manera,
porque estamos en otro momento y en otra situación,
así que ya no se corresponde con nuestra realidad actual.
Simple y sencillamente no nos es útil para nada.
Organicémonos
conscientemente.
La
experiencia de vida que hemos ido acumulando está desorganizada.
Nuestros sentimientos, condicionados por nuestras emociones,
han dado significados particulares a cada una de las experiencias
vividas y esto es lo natural, así sucede casi siempre
en todas las personas. Pero lo natural puede y debe ser modificado.
Lo hace así la ciencia, la técnica y el arte.
Nuestra
tarea es la que nos indica la dirección. Hemos decidido
vivir cada situación que se nos presente como una situación
nueva, no importa que sea muy similar a alguna otra anterior,
nuestro grado de atención consciente es el que nos
indica las modificaciones que hay en la realidad misma y en
nosotros, aunque a primera vista parezcan imperceptibles.
Como consecuencia podremos darle significados nuevos a situaciones
aparentemente muy conocidas.
El
desarrollo es en espiral ascendente. El entendimiento de las
circunstancias se da en distintos planos, es posible y necesario
traspasar los planos más evidentes para encontrar una
nueva forma de entendimiento de nuestro accionar en el camino
hacia el objetivo deseado. Esto requiere equilibrio y atrevimiento.
Nuestra experiencia, más la experiencia de nuestros
iguales, nos señalan los campos limitados de las acciones
posibles, pero sabemos que hay más. Cada nuevo descubrimiento
científico, tecnológico o artístico,
nos indica que nuestras posibilidades son tan amplias como
las del propio universo.
Somos,
no nos olvidemos, un micro universo. Y de este concepto, y
de la interrelación y semejanza entre lo más
grande y lo más pequeño, proviene el equilibrio
necesario para cumplir con nuestro objetivo. Porque nuestro
objetivo es el centro de toda nuestro accionar. Observamos,
reconocemos, meditamos y trabajamos en función del
logro del objetivo prefijado, que es, a su vez, el que nos
da la pauta de nuestros avances o retrocesos relativos.
Es
muy importante tener en cuenta que cada uno de nosotros, cuando
está en plena actividad, trabajando objetivo tras objetivo
para lograr una mejor calidad de vida, es el instrumento,
que debemos perfeccionar, y el campo de acción en el
que opera este instrumento. Lo que es decir que somos, simultáneamente,
los productores y el producto del proceso en el que estamos.
Y somos nosotros los que dirigimos este proceso y los que
lo debemos controlar y organizar. Por lo que nuestra acción
debe mantener un equilibrio permanente entre nuestro entusiasmo
y nuestra prudencia.
Porque
a medida que avanzamos descubrimos nuevos sectores de nosotros
mismos que nos son prácticamente desconocidos, como
la capacidad de vernos en acción, relacionándonos
con otras personas, en distintas situaciones, y, al mismo
tiempo, vernos con relación a nuestro deseo, que se
concretó en un propósito y la coincidencia o
desvío de nuestro accionar con relación a nuestro
más actualizado sistema de valores e ideas.
Esta
capacidad nos permite organizar y clasificar nuestra experiencia
de vida, que es toda la información interna y externa
que hemos acumulado y actualizado, para concentrarla sobre
la tarea más inmediata que tenemos que hacer para continuar
el proceso de producción de una mejor calidad de vida
para nosotros y los nuestros.
Utilicemos
todos nuestros recursos.
Ya
hemos visto como. Disponemos de la energía vital que
se expresa a través del impulso evolutivo y del instinto
reproductivo, con todas sus sublimaciones. Nosotros percibimos
esta energía como una serie de necesidades y sentimos
el deseo de satisfacerlas.
Seleccionamos
un objetivo general y trazamos planes adecuados para marcarnos
un camino en varias etapas. Concentramos toda nuestra energía
en cada una de esas etapas, sin perder de vista el proyecto
u objetivo general. Buscamos en nuestra memoria, consciente
e inconsciente, por asociaciones, toda la información
que necesitamos sobre ese tema específico.
(Lo
que no significa que tengamos todos los datos concretos en
el primer plano de nuestra memoria, pero podemos tener títulos
de libros que podríamos consultar, o direcciones, o
nombres de profesionales con intereses similares a los nuestros.
Los datos siempre tendrán que ser ampliados.)
Luego
utilizamos toda la libertad que da la imaginación,
creadora de nuevas asociaciones de ideas, e inmediatamente
nos ponemos a clasificar todo ese material. Nuestra tarea
no será distinta a la que se realiza en cualquier oficio
o profesión, es un proceso de especialización,
de desarrollo de habilidad.
Y
la habilidad se desarrolla con la práctica. Y el modelo
de trabajo se perfecciona, porque la teoría se enriquece
con el ejercicio de la práctica que, a su vez, enriquece
a la teoría. Y con este intercambio de información,
corroboración, posibles modificaciones y ajustes, crece
nuestra habilidad. En un campo, en el que estamos, que es
el que hemos elegido.
Las
habilidades siempre son parciales, no abarcan a todas las
actividades que hacemos, algunos somos hábiles en unas
cosas y otros en otras, Por eso se van organizando nuestras
especializaciones. Vamos eligiendo sectores de la realidad,
campos de actividad, en los cuales nos sentimos más
cómodos y más creativos.
Esto
en el mejor de los casos, porque a veces sucede que hay personas
que no están conformes con lo que hacen. Y otras que
no consiguen hacer nada. Y se sienten aprisionados por sus
circunstancias. Las propias circunstancias pueden cambiarse.
Hasta
ahora hemos visto la estructura básica, mínima,
y generalizada, de un modelo de producción de cambios.
Cambios en nosotros, en nuestras circunstancias y en nuestra
forma de producir, de procrear al producto privilegiado por
nuestro deseo.
Si
lo organizamos bien, para lo cual es recomendable observar
el conjunto de esta estructura básica y ver su funcionamiento,
su interrelación y su efectividad, tomando una cierta
distancia de nosotros mismos para poder vernos en acción,
trabajando por un objetivo, como si nos viéramos en
un video. Entonces podremos revisar al modelo creativo con
una nueva mirada, y verlo como un conjunto complementario
e instrumental, que nos es propio y que nos incluye.
Al
principio nos hemos visto confusos, luego hemos logrado entender
que eso es lo normal frente a cualquier situación nueva,
porque la primera mirada ve, pero el registro de lo visto,
en nuestra mente, es, al principio, confuso. Esto nos sucede
también con las caras, o con los nombres, de personas
que acabamos de conocer, recién fijaremos sus nombres
o sus caras después de verlos dos o tres veces más.
Esto es cotidiano. Con los conceptos y con las imágenes
pasa algo similar.
No
nos conformemos con las apariencias.
La
confusión inicial se origina por eso, porque todo y
todos “parecen ser”, “se parecen a”,
son, en principio, sólo la apariencia más superficial.
Hemos comprobado que tenemos la habilidad suficiente como
para ver la auténtica naturaleza de las situaciones
que vivimos, detrás, o adentro, de las apariencias.
Investigando y verificando. Pudimos ver que contamos con una
doble alimentación a nuestra carga y reserva de energía,
sabemos que esas son las columnas fundamentales de nuestra
organización como personas.
Esto
nos permitió definir un objetivo general y, como consecuencia,
delimitamos nuestro campo de atención a un sector de
nuestra realidad. Desde el momento que tomamos conciencia
de toda la disponibilidad de la memoria inconsciente, propia
y genérica, comenzamos a ver de otra manera, con la
mente. Haciendo imágenes. Con la imaginación
podemos crear múltiples combinaciones distintas para
situaciones conocidas y por conocer.
Estamos
en el verdadero principio de todo proceso de producción,
clasificamos todo lo visto hasta ahora y prestamos mucha atención
a los movimientos de acomodamiento, que tendrán que
hacer todos los elementos anteriores, los que teníamos
archivados de antes.
Nuestro
razonamiento habitual hará cambios, a su tiempo, pero
mientras tanto, mantendrá los lineamientos lógicos
a los que estamos acostumbrados. Ese razonamiento habitual,
que seguramente estará conmocionado y expectante, será
el que haga las verificaciones de la dirección de nuestra
acción actual, en pos de un objetivo definido.
Si
efectivamente estamos en una dirección evolutiva propia,
que coincide con la dirección y el momento del impulso
evolutivo de toda nuestra especie, podemos empezar a reconocer
que la llegada a nuestra meta es tan importante, como el camino
que hacemos, el modelo integrativo de todas nuestras facetas,
las conocidas ahora y las que conoceremos. Trabajando con
nosotros mismos, adquiriendo más habilidad con la práctica,
aplicando el mismo método a las situaciones pequeñas
y a las grandes, nuestra calidad de vida va mejorando. Y van
llegando los logros.
Si
tiene alguna sugerencia o duda sobre este capítulo
comuníquese con el autor, en alberto.costa@tiscali.es
|