Alberto Costa es un estudioso de la condición humana. Trabaja como Psicoterapeuta Experto en Coaching, asesorando y respondiendo a las consultas que le hacen sobre Logro de Objetivos y Desarrollo Personal y Profesional. Atiende personalmente, en su consultorio o en Internet, a clientes individuales, grupales e institucionales, además de dar charlas y escribir sobre el tema. Publicó, en 2003, su GUÍA PRÁCTICA PARA EL LOGRO DE OBJETIVOS, y varios artículos en periódicos y revistas, como Espacio Humano, Consumo, Verdemente, Indicador Económico, Vivir con Salud y Nueva Empresa. Actualmente está escribiendo “Un viaje por La Rueda de la Fortuna”. Durante varios años dictó el seminario "Aspectos Psico-sociales de la Producción Grupal" y fue Co-Director de la Asociación Ícaro y Director del Área de Psicoterapia Grupal en el Centro Asistencial Médico-Psicoterapéutico de la misma Asociación.



4. CLASIFICACIÓN.


Para adecuar o modificar nuestros planes, si es que resulta necesario, debemos tener en cuenta que nuestra propia evolución mental, emocional y sentimental, se ha dado dentro de un progreso natural, como organismos vivos muy complejos, incluidos dentro de un contexto familiar y social. La interrelación entre nosotros y nuestro medio ambiente es total, aunque no siempre la tengamos presente en la superficie de nuestra conciencia.

Lo que nos interesa en este momento está condicionado por nuestro sistema de ideas y de valores, pero este sistema se ha ido formando en nosotros desde nuestra primera infancia. Lo hemos modificado. Le hemos agregado, o quitado, o reinterpretado, algunos valores y algunas ideas. Esto se fue dando en algunas etapas cruciales de nuestro propio desarrollo.

Es deseable y muy conveniente que lo sigamos haciendo con cierta periodicidad. Pero no siempre se hace así.

Un problema que suele surgir, es que algunas personas llegan a un momento en el que se dicen que ya están totalmente desarrollados, y no vuelven a revisar sus sistemas de ideas y valores. Esto significa que es muy probable que algunos modelos referenciales que utilizan con toda naturalidad pueden haber perdido vigencia.

La propia dinámica que llevamos, marcada por urgencias inmediatistas, nos dificulta, en la mayoría de las situaciones, la verificación de los datos que utilizamos como base para el análisis de nosotros mismos frente a nuestro propósito y a nuestras posibilidades.

Es prácticamente imposible ser iguales a nosotros mismos a través de toda nuestra historia. Sin embargo, algunos de los valores, conceptos y significados, que utilizamos, los hemos incorporado en etapas anteriores, cargadas de emociones que tuvieron que ver con el momento en que las fijamos en nuestro sistema psíquico. El encuentro con una persona con autoridad, por ejemplo, puede estar ligado con una sensación íntima de pequeñez y de desprotección que se corresponde con una vivencia particular del pasado.

Es indudable que necesitamos observar, contrastar y diferenciar, lo que nos sucede hoy, en nuestro funcionamiento cotidiano, en nuestra decisión de cumplir con nuestro objetivo, con aquella sensación que, aunque nos haya marcado profundamente, ya no tiene porque afectarnos de la misma manera, porque estamos en otro momento y en otra situación, así que ya no se corresponde con nuestra realidad actual. Simple y sencillamente no nos es útil para nada.

Organicémonos conscientemente.

La experiencia de vida que hemos ido acumulando está desorganizada. Nuestros sentimientos, condicionados por nuestras emociones, han dado significados particulares a cada una de las experiencias vividas y esto es lo natural, así sucede casi siempre en todas las personas. Pero lo natural puede y debe ser modificado. Lo hace así la ciencia, la técnica y el arte.

Nuestra tarea es la que nos indica la dirección. Hemos decidido vivir cada situación que se nos presente como una situación nueva, no importa que sea muy similar a alguna otra anterior, nuestro grado de atención consciente es el que nos indica las modificaciones que hay en la realidad misma y en nosotros, aunque a primera vista parezcan imperceptibles. Como consecuencia podremos darle significados nuevos a situaciones aparentemente muy conocidas.

El desarrollo es en espiral ascendente. El entendimiento de las circunstancias se da en distintos planos, es posible y necesario traspasar los planos más evidentes para encontrar una nueva forma de entendimiento de nuestro accionar en el camino hacia el objetivo deseado. Esto requiere equilibrio y atrevimiento. Nuestra experiencia, más la experiencia de nuestros iguales, nos señalan los campos limitados de las acciones posibles, pero sabemos que hay más. Cada nuevo descubrimiento científico, tecnológico o artístico, nos indica que nuestras posibilidades son tan amplias como las del propio universo.

Somos, no nos olvidemos, un micro universo. Y de este concepto, y de la interrelación y semejanza entre lo más grande y lo más pequeño, proviene el equilibrio necesario para cumplir con nuestro objetivo. Porque nuestro objetivo es el centro de toda nuestro accionar. Observamos, reconocemos, meditamos y trabajamos en función del logro del objetivo prefijado, que es, a su vez, el que nos da la pauta de nuestros avances o retrocesos relativos.

Es muy importante tener en cuenta que cada uno de nosotros, cuando está en plena actividad, trabajando objetivo tras objetivo para lograr una mejor calidad de vida, es el instrumento, que debemos perfeccionar, y el campo de acción en el que opera este instrumento. Lo que es decir que somos, simultáneamente, los productores y el producto del proceso en el que estamos. Y somos nosotros los que dirigimos este proceso y los que lo debemos controlar y organizar. Por lo que nuestra acción debe mantener un equilibrio permanente entre nuestro entusiasmo y nuestra prudencia.

Porque a medida que avanzamos descubrimos nuevos sectores de nosotros mismos que nos son prácticamente desconocidos, como la capacidad de vernos en acción, relacionándonos con otras personas, en distintas situaciones, y, al mismo tiempo, vernos con relación a nuestro deseo, que se concretó en un propósito y la coincidencia o desvío de nuestro accionar con relación a nuestro más actualizado sistema de valores e ideas.

Esta capacidad nos permite organizar y clasificar nuestra experiencia de vida, que es toda la información interna y externa que hemos acumulado y actualizado, para concentrarla sobre la tarea más inmediata que tenemos que hacer para continuar el proceso de producción de una mejor calidad de vida para nosotros y los nuestros.

Utilicemos todos nuestros recursos.

Ya hemos visto como. Disponemos de la energía vital que se expresa a través del impulso evolutivo y del instinto reproductivo, con todas sus sublimaciones. Nosotros percibimos esta energía como una serie de necesidades y sentimos el deseo de satisfacerlas.

Seleccionamos un objetivo general y trazamos planes adecuados para marcarnos un camino en varias etapas. Concentramos toda nuestra energía en cada una de esas etapas, sin perder de vista el proyecto u objetivo general. Buscamos en nuestra memoria, consciente e inconsciente, por asociaciones, toda la información que necesitamos sobre ese tema específico.

(Lo que no significa que tengamos todos los datos concretos en el primer plano de nuestra memoria, pero podemos tener títulos de libros que podríamos consultar, o direcciones, o nombres de profesionales con intereses similares a los nuestros. Los datos siempre tendrán que ser ampliados.)

Luego utilizamos toda la libertad que da la imaginación, creadora de nuevas asociaciones de ideas, e inmediatamente nos ponemos a clasificar todo ese material. Nuestra tarea no será distinta a la que se realiza en cualquier oficio o profesión, es un proceso de especialización, de desarrollo de habilidad.

Y la habilidad se desarrolla con la práctica. Y el modelo de trabajo se perfecciona, porque la teoría se enriquece con el ejercicio de la práctica que, a su vez, enriquece a la teoría. Y con este intercambio de información, corroboración, posibles modificaciones y ajustes, crece nuestra habilidad. En un campo, en el que estamos, que es el que hemos elegido.

Las habilidades siempre son parciales, no abarcan a todas las actividades que hacemos, algunos somos hábiles en unas cosas y otros en otras, Por eso se van organizando nuestras especializaciones. Vamos eligiendo sectores de la realidad, campos de actividad, en los cuales nos sentimos más cómodos y más creativos.

Esto en el mejor de los casos, porque a veces sucede que hay personas que no están conformes con lo que hacen. Y otras que no consiguen hacer nada. Y se sienten aprisionados por sus circunstancias. Las propias circunstancias pueden cambiarse.

Hasta ahora hemos visto la estructura básica, mínima, y generalizada, de un modelo de producción de cambios. Cambios en nosotros, en nuestras circunstancias y en nuestra forma de producir, de procrear al producto privilegiado por nuestro deseo.

Si lo organizamos bien, para lo cual es recomendable observar el conjunto de esta estructura básica y ver su funcionamiento, su interrelación y su efectividad, tomando una cierta distancia de nosotros mismos para poder vernos en acción, trabajando por un objetivo, como si nos viéramos en un video. Entonces podremos revisar al modelo creativo con una nueva mirada, y verlo como un conjunto complementario e instrumental, que nos es propio y que nos incluye.

Al principio nos hemos visto confusos, luego hemos logrado entender que eso es lo normal frente a cualquier situación nueva, porque la primera mirada ve, pero el registro de lo visto, en nuestra mente, es, al principio, confuso. Esto nos sucede también con las caras, o con los nombres, de personas que acabamos de conocer, recién fijaremos sus nombres o sus caras después de verlos dos o tres veces más. Esto es cotidiano. Con los conceptos y con las imágenes pasa algo similar.

No nos conformemos con las apariencias.

La confusión inicial se origina por eso, porque todo y todos “parecen ser”, “se parecen a”, son, en principio, sólo la apariencia más superficial. Hemos comprobado que tenemos la habilidad suficiente como para ver la auténtica naturaleza de las situaciones que vivimos, detrás, o adentro, de las apariencias. Investigando y verificando. Pudimos ver que contamos con una doble alimentación a nuestra carga y reserva de energía, sabemos que esas son las columnas fundamentales de nuestra organización como personas.

Esto nos permitió definir un objetivo general y, como consecuencia, delimitamos nuestro campo de atención a un sector de nuestra realidad. Desde el momento que tomamos conciencia de toda la disponibilidad de la memoria inconsciente, propia y genérica, comenzamos a ver de otra manera, con la mente. Haciendo imágenes. Con la imaginación podemos crear múltiples combinaciones distintas para situaciones conocidas y por conocer.

Estamos en el verdadero principio de todo proceso de producción, clasificamos todo lo visto hasta ahora y prestamos mucha atención a los movimientos de acomodamiento, que tendrán que hacer todos los elementos anteriores, los que teníamos archivados de antes.

Nuestro razonamiento habitual hará cambios, a su tiempo, pero mientras tanto, mantendrá los lineamientos lógicos a los que estamos acostumbrados. Ese razonamiento habitual, que seguramente estará conmocionado y expectante, será el que haga las verificaciones de la dirección de nuestra acción actual, en pos de un objetivo definido.

Si efectivamente estamos en una dirección evolutiva propia, que coincide con la dirección y el momento del impulso evolutivo de toda nuestra especie, podemos empezar a reconocer que la llegada a nuestra meta es tan importante, como el camino que hacemos, el modelo integrativo de todas nuestras facetas, las conocidas ahora y las que conoceremos. Trabajando con nosotros mismos, adquiriendo más habilidad con la práctica, aplicando el mismo método a las situaciones pequeñas y a las grandes, nuestra calidad de vida va mejorando. Y van llegando los logros.

Si tiene alguna sugerencia o duda sobre este capítulo comuníquese con el autor, en alberto.costa@tiscali.es

>> siguiente >> volver a índice

 

© 2003. Alberto Costa.