Alberto Costa es un estudioso de la condición humana. Trabaja como Psicoterapeuta Experto en Coaching, asesorando y respondiendo a las consultas que le hacen sobre Logro de Objetivos y Desarrollo Personal y Profesional. Atiende personalmente, en su consultorio o en Internet, a clientes individuales, grupales e institucionales, además de dar charlas y escribir sobre el tema. Publicó, en 2003, su GUÍA PRÁCTICA PARA EL LOGRO DE OBJETIVOS, y varios artículos en periódicos y revistas, como Espacio Humano, Consumo, Verdemente, Indicador Económico, Vivir con Salud y Nueva Empresa. Actualmente está escribiendo “Un viaje por La Rueda de la Fortuna”. Durante varios años dictó el seminario "Aspectos Psico-sociales de la Producción Grupal" y fue Co-Director de la Asociación Ícaro y Director del Área de Psicoterapia Grupal en el Centro Asistencial Médico-Psicoterapéutico de la misma Asociación.



COMO CRECERSE ANTE LAS DIFICULTADES.

Por ALBERTO COSTA

(Publicado en VERDEMENTE, Nº 58, Mayo 2003. www.verdemente.com )

Las dificultades requieren ser tratadas por áreas muy pequeñas. Si no las subdividimos, se nos aparecen tan grandes que parece que nos pueden aplastar o invalidar. No importa de que tipo sean las dificultades, cuando aparecen resultan imponentes, por eso debemos subdividirlas en pequeñas áreas, para poder entenderlas. Una dificultad, dice el diccionario de la R.A.E., es un “inconveniente, oposición o contrariedad que impide conseguir, ejecutar o entender bien algo y pronto.” Es el problema de siempre, querer hacerlo bien y “pronto”. Las urgencias suelen entorpecer las soluciones. Y no sólo las soluciones, también entorpecen otras cosas.

Lo que nos interesa es conseguir, ejecutar, o entender bien. Para eso necesitamos concentrar nuestra atención sobre pequeñas áreas de la dificultad que tenemos que resolver primero. Estas pequeñas áreas pueden ser las que responden a las preguntas usadas en el periodismo, por ejemplo: ¿Qué, quién, cuándo, dónde, cómo, porqué? También sirve cualquier otro método, lo importante es tener en cuenta que nuestra atención gana fuerza en la medida que, siendo la misma de siempre, se concentre en cada una de las pequeñas áreas en que dividamos a esa dificultad que nos ocupa y que se nos aparece enorme en su totalidad, pero mucho más pequeña y accesible cuando la vemos subdividida, en cada pregunta.

Entonces, cada una de estas pequeñas áreas será nuestro objetivo principal, la dificultad que debemos resolver. En ella concentraremos toda nuestra atención.

Con este proceso conseguimos tener delineada una imagen que representa al primer objetivo elegido. Esta imagen entra en nuestra memoria, e inmediatamente comienzan a aparecer imágenes similares que representan a situaciones vividas anteriormente, por nosotros o por cualquier otro ser humano en cualquier otra época. Esto sucede porque nuestra memoria abarca todos nuestros recuerdos, que constituyen toda nuestra experiencia, más toda la experiencia histórica de toda nuestra especie. Esto está perfectamente demostrado por los asombrosos descubrimientos genéticos de la actualidad.

Nos habíamos propuesto crecernos ante las dificultades y de pronto nos encontramos con toda la experiencia de la humanidad almacenada en nuestra memoria, disponible para ser utilizada en el momento que la necesitemos. Sólo debemos concentrar nuestra atención sobre áreas bien delimitadas de la realidad para que nuestra memoria responda, por asociación, con un cúmulo de imágenes, que fueron soluciones a otras situaciones muy similares a la que queremos solucionar nosotros en este momento. Podemos seleccionar las que nos sirvan para enriquecer la imagen que tenemos de nuestro objetivo actual. Pensar en imágenes es la forma más natural de pensar con un fin determinado, en nuestro caso estamos buscando soluciones a hechos muy concretos. A parcelas de una dificultad.

A nosotros, en nuestra situación, la imaginación nos sirve para buscar nuevos vínculos, no pensados anteriormente, entre nuestra actual dificultad, convenientemente parcelada, y nuestro nivel de conciencia. Porque si nos sinceramos con nosotros mismos, podemos entender que las dificultades suelen estar enmarcadas en el campo de lo que todavía no aprendimos, de lo que actualmente ignoramos. El carácter transitivo de la experiencia humana, de la ampliación de conciencia, permite que en el momento que mencionamos nuestro desconocimiento sobre algo, ese algo comienza a ser conocido.

Esta facilidad contribuye a nuestro crecimiento. Es muy importante que clasifiquemos adecuadamente cada nuevo descubrimiento de nuestra potencialidad. Ésta es tan grande que nos sorprende cada vez que la utilizamos. Porque cuando buscamos dónde clasificar un nuevo descubrimiento, una nueva experiencia, nos encontramos con un enorme fichero que almacena toda la experiencia humana, que es nuestra memoria inconsciente, propia y colectiva. De aquí sale la voz de la experiencia, la intuición.

Esta es otra herramienta imprescindible para nuestro crecimiento, que está siempre a nuestra disposición, es la voz de la experiencia, nuestra y de toda nuestra especie, desde su nacimiento. Es la intuición. No funciona sola, viene como consecuencia de un proceso que comenzó con nuestra concentración en un área bien delimitada, continuó con la utilización de los archivos de nuestra memoria, con la imaginación creativa y con la justa clasificación de todo lo descubierto. Entonces sí, aparece la enseñanza interna. La intuición. Usándola conseguimos ponernos en el límite de lo que actualmente conocemos como nuestras posibilidades, inevitablemente vamos más allá, nos crecemos. Tal como nos lo habíamos propuesto.

Nos habíamos propuesto crecernos ante las dificultades. Dividiéndolas, a las dificultades, en pequeñas parcelas, o áreas, descubrimos que no “eran tan fieras como las pintaban”. Eso nos permitió descubrir los dos planos de nuestra realidad, el consciente y el inconsciente, este último se nos mostró como depositario de todo el conocimiento de nuestra especie, la humana. También vimos la posibilidad de utilizar la imaginación de forma creativa, dirigiéndola hacia la búsqueda de nuevos vínculos entre lo conocido y lo ignorado. Clasificamos adecuadamente todo lo descubierto y eso nos abrió las puertas para entender a la intuición.

De esta manera nos encontramos con que podemos solucionar las dificultades que inevitablemente encontramos en el día a día y, de paso, aprendemos más sobre nosotros mismos y esa es la única forma válida de crecernos ante las dificultades

>> volver a índice  


© 2003. Alberto Costa.