COMO CRECERSE ANTE LAS DIFICULTADES.
Por ALBERTO
COSTA
(Publicado
en VERDEMENTE, Nº 58, Mayo 2003. www.verdemente.com )
Las
dificultades requieren ser tratadas por áreas muy pequeñas.
Si no las subdividimos, se nos aparecen tan grandes que parece
que nos pueden aplastar o invalidar. No importa de que tipo
sean las dificultades, cuando aparecen resultan imponentes,
por eso debemos subdividirlas en pequeñas áreas,
para poder entenderlas. Una dificultad, dice el diccionario
de la R.A.E., es un “inconveniente, oposición
o contrariedad que impide conseguir, ejecutar o entender bien
algo y pronto.” Es el problema de siempre, querer hacerlo
bien y “pronto”. Las urgencias suelen entorpecer
las soluciones. Y no sólo las soluciones, también
entorpecen otras cosas.
Lo
que nos interesa es conseguir, ejecutar, o entender bien.
Para eso necesitamos concentrar nuestra atención sobre
pequeñas áreas de la dificultad que tenemos
que resolver primero. Estas pequeñas áreas pueden
ser las que responden a las preguntas usadas en el periodismo,
por ejemplo: ¿Qué, quién, cuándo,
dónde, cómo, porqué? También sirve
cualquier otro método, lo importante es tener en cuenta
que nuestra atención gana fuerza en la medida que,
siendo la misma de siempre, se concentre en cada una de las
pequeñas áreas en que dividamos a esa dificultad
que nos ocupa y que se nos aparece enorme en su totalidad,
pero mucho más pequeña y accesible cuando la
vemos subdividida, en cada pregunta.
Entonces,
cada una de estas pequeñas áreas será
nuestro objetivo principal, la dificultad que debemos resolver.
En ella concentraremos toda nuestra atención.
Con
este proceso conseguimos tener delineada una imagen que representa
al primer objetivo elegido. Esta imagen entra en nuestra memoria,
e inmediatamente comienzan a aparecer imágenes similares
que representan a situaciones vividas anteriormente, por nosotros
o por cualquier otro ser humano en cualquier otra época.
Esto sucede porque nuestra memoria abarca todos nuestros recuerdos,
que constituyen toda nuestra experiencia, más toda
la experiencia histórica de toda nuestra especie. Esto
está perfectamente demostrado por los asombrosos descubrimientos
genéticos de la actualidad.
Nos
habíamos propuesto crecernos ante las dificultades
y de pronto nos encontramos con toda la experiencia de la
humanidad almacenada en nuestra memoria, disponible para ser
utilizada en el momento que la necesitemos. Sólo debemos
concentrar nuestra atención sobre áreas bien
delimitadas de la realidad para que nuestra memoria responda,
por asociación, con un cúmulo de imágenes,
que fueron soluciones a otras situaciones muy similares a
la que queremos solucionar nosotros en este momento. Podemos
seleccionar las que nos sirvan para enriquecer la imagen que
tenemos de nuestro objetivo actual. Pensar en imágenes
es la forma más natural de pensar con un fin determinado,
en nuestro caso estamos buscando soluciones a hechos muy concretos.
A parcelas de una dificultad.
A
nosotros, en nuestra situación, la imaginación
nos sirve para buscar nuevos vínculos, no pensados
anteriormente, entre nuestra actual dificultad, convenientemente
parcelada, y nuestro nivel de conciencia. Porque si nos sinceramos
con nosotros mismos, podemos entender que las dificultades
suelen estar enmarcadas en el campo de lo que todavía
no aprendimos, de lo que actualmente ignoramos. El carácter
transitivo de la experiencia humana, de la ampliación
de conciencia, permite que en el momento que mencionamos nuestro
desconocimiento sobre algo, ese algo comienza a ser conocido.
Esta
facilidad contribuye a nuestro crecimiento. Es muy importante
que clasifiquemos adecuadamente cada nuevo descubrimiento
de nuestra potencialidad. Ésta es tan grande que nos
sorprende cada vez que la utilizamos. Porque cuando buscamos
dónde clasificar un nuevo descubrimiento, una nueva
experiencia, nos encontramos con un enorme fichero que almacena
toda la experiencia humana, que es nuestra memoria inconsciente,
propia y colectiva. De aquí sale la voz de la experiencia,
la intuición.
Esta
es otra herramienta imprescindible para nuestro crecimiento,
que está siempre a nuestra disposición, es la
voz de la experiencia, nuestra y de toda nuestra especie,
desde su nacimiento. Es la intuición. No funciona sola,
viene como consecuencia de un proceso que comenzó con
nuestra concentración en un área bien delimitada,
continuó con la utilización de los archivos
de nuestra memoria, con la imaginación creativa y con
la justa clasificación de todo lo descubierto. Entonces
sí, aparece la enseñanza interna. La intuición.
Usándola conseguimos ponernos en el límite de
lo que actualmente conocemos como nuestras posibilidades,
inevitablemente vamos más allá, nos crecemos.
Tal como nos lo habíamos propuesto.
Nos
habíamos propuesto crecernos ante las dificultades.
Dividiéndolas, a las dificultades, en pequeñas
parcelas, o áreas, descubrimos que no “eran tan
fieras como las pintaban”. Eso nos permitió descubrir
los dos planos de nuestra realidad, el consciente y el inconsciente,
este último se nos mostró como depositario de
todo el conocimiento de nuestra especie, la humana. También
vimos la posibilidad de utilizar la imaginación de
forma creativa, dirigiéndola hacia la búsqueda
de nuevos vínculos entre lo conocido y lo ignorado.
Clasificamos adecuadamente todo lo descubierto y eso nos abrió
las puertas para entender a la intuición.
De
esta manera nos encontramos con que podemos solucionar las
dificultades que inevitablemente encontramos en el día
a día y, de paso, aprendemos más sobre nosotros
mismos y esa es la única forma válida de crecernos
ante las dificultades
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