Alberto Costa es un estudioso de la condición humana. Trabaja como Psicoterapeuta Experto en Coaching, asesorando y respondiendo a las consultas que le hacen sobre Logro de Objetivos y Desarrollo Personal y Profesional. Atiende personalmente, en su consultorio o en Internet, a clientes individuales, grupales e institucionales, además de dar charlas y escribir sobre el tema. Publicó, en 2003, su GUÍA PRÁCTICA PARA EL LOGRO DE OBJETIVOS, y varios artículos en periódicos y revistas, como Espacio Humano, Consumo, Verdemente, Indicador Económico, Vivir con Salud y Nueva Empresa. Actualmente está escribiendo “Un viaje por La Rueda de la Fortuna”. Durante varios años dictó el seminario "Aspectos Psico-sociales de la Producción Grupal" y fue Co-Director de la Asociación Ícaro y Director del Área de Psicoterapia Grupal en el Centro Asistencial Médico-Psicoterapéutico de la misma Asociación.



¿CÓMO PONERSE EN MARCHA? Por Alberto Costa

(Publicado por Revista CONSUMO, Edición 28, octubre 2003)

Comenzado el curso escolar y laboral, casi liberados de la resaca de las vacaciones, nos encontramos con el inicio de un nuevo ciclo. La mayoría de las personas han hecho planes y se han puesto objetivos para lograr. Lo primero que les aparece, en cuanto se enfrentan al objetivo propuesto, son dudas: ¿Podré hacerlo? ¿Seré capaz? ¿No sería mejor el año que viene? y ¿cómo lo hago? Estas dudas son obstáculos que pone el temor al cambio, a lo desconocido y a lo nuevo. El deseo de hacer debe convertirse en voluntad de avanzar y así se superan los obstáculos. El éxito se alcanza si se consigue que todas las acciones se vayan sucediendo unas a otras según su propio orden lógico.

Primera verificación: Movimiento y estabilidad no son incompatibles.

Las dudas aparecen ante la acción, porque ésta produce una sensación de pérdida de estabilidad, lo cual es fácil de entender observando que para dar un paso adelante quedamos apoyados en un solo pie, lo que nos da mucho menos estabilidad que cuando apoyamos los dos, pero así no habría movimiento. Movimiento y estabilidad no son incompatibles. Cuando caminamos no nos caemos, por lo menos no siempre.

El objetivo que nos hemos propuesto es producto de una necesidad, que generó un intenso deseo que será el combustible que utilizaremos. Nosotros, nuestro objetivo y el vínculo de ida y vuelta que establecemos con él, constituimos una unidad de producción, que es un instrumento para conseguir un funcionamiento adecuado para el logro de nuestro objetivo. Esta unidad de producción, que estará interrelacionada con todo el sistema productivo de toda la sociedad, tiene dos tareas simultáneas, la construcción y mantenimiento del instrumento y mediante su funcionamiento, la obtención del producto. A estas dos tareas estaremos atentos.

Desde esta unidad de producción volvemos a verificar si nuestro objetivo es el correcto, en relación a nuestro propio y más amplio proyecto de desarrollo personal y profesional. ¿Es el más adecuado para este momento? Observemos, dibujemos un diagrama de nuestras necesidades, hagamos memoria para reconocer a las que se conservan con más fuerza, volvamos a observar entre las que más destacan, imaginemos cuál de ellas nos dará más satisfacciones ¿es nuestro objetivo? ¿Es el que más nos entusiasma? ¿Qué dice nuestra intuición? ¿Clasificamos bien a todo este material? ¿Y nosotros mismos, tenemos preparación suficiente para las tareas que nos requerirá el objetivo?

Segunda verificación: ¿están estables todos los vínculos afectivos?

Si le hemos dicho sí a todo, con total seguridad, nos ponemos en marcha. Debemos trazar un plan de acción adecuado a nuestras condiciones actuales, pero que tenga en cuenta que éstas se modificarán en cuanto estén en un movimiento dirigido, lo que implica la necesidad de que este plan esté abierto, en revisión permanente, para ajustar medidas.

Es necesario que delimitemos muy bien, con la mayor precisión posible, el área donde trabajaremos. Esto es muy importante, porque para que podamos concentrar todo nuestro esfuerzo en un área, la profesional, por ejemplo, debemos contemplar las demás áreas que también requieren nuestra atención, como nuestro grupo familiar. Tendremos que diseñar, en un apartado del plan, una acción posible para asegurarnos una estabilidad en ese grupo del que formamos parte, de tal manera que nos consuma la menor energía posible, ya que necesitamos mucha para el objetivo privilegiado.

Lo mismo debemos hacer con nuestro trabajo, con nuestros amigos y, fundamentalmente, con nuestra pareja, si la hay. Necesitamos mantener todos los vínculos estables porque son una fuente de reserva de energía emocional. Necesitamos de las dos cosas, estabilidad y reserva de energía emocional. Porque así como aparecieron las dudas, en el principio, aparecerán otros obstáculos, internos y externos, que forman parte de cualquier camino de desarrollo. El plan de acción debe contar con ellos, debe dedicar un apartado para un plan de acción de emergencia, para la detección, identificación y eliminación, de los obstáculos propios del camino. Como un antivirus, en el ordenador.

Tercera verificación: ¿cuál es la más urgente de todas las tareas?

A nuestro plan debemos llegar a verlo como podemos ver a un buen plano de carretera. En donde se puedan ver las distancias, el tipo de carretera, curvas, puentes, túneles, gasolineras, lugares para eventuales descansos. Elementos que nos sirven para tener un tiempo estimado, para calcular posibles cambios de clima y prevenirlos. Nosotros tenemos una buena unidad de producción que está poniéndose a tono y, por ahora, el punto de partida y el punto de llegada.

Tenemos que ver, mirando los dos puntos y colocándolos dentro de lo que definimos como nuestro campo de acción, cuál es la más urgente de todas las tareas parciales que debemos hacer. Con el coche podría ser cargar gasolina, ¿y con nosotros?

Pondremos un ejemplo, una persona decide independizarse, lleva 20 años en su profesión y la conoce perfectamente. Se pone como objetivo la independencia laboral, tiene dinero para aguantar un año sin ganancias y tiene un buen fichero de clientes y proveedores. Aparentemente tiene más que suficiente. Pero cuando le preguntan sobre lo que menos le gusta de él, dice que es negativo y pesimista, poco constante, muy desconfiado y que se desanima pronto. Evidentemente su primera tarea es buscar, con ayuda profesional si fuera necesario, cómo resolver el conflicto entre lo que desea y sus características personales, que son poco apropiadas para crear su propia empresa, en la que tendría que poner mucha confianza, ser positivo y realista, además de constante y animoso. Este es un caso extremo, pero ilustrativo. Saquemos nuestras propias conclusiones.

Cuarta verificación: ¿qué dice nuestro razonamiento normal?

La primera tarea debe ser elegida por la intuición, que tal como sabemos, proviene de una buena observación de todo el trayecto que debemos hacer, de la activación de todos los recuerdos que tengamos de trayectos similares, los propios y los vistos, leídos, o escuchados, de la imaginación, que busca vínculos más allá del primer plano de atención y de la clasificación correcta, que es la que incorpora sensaciones y emociones ligadas al proceso que vamos desarrollando. En ese momento, juntando todo ese material, que es nuestra materia prima para la elaboración de lo que ahora nos ocupa, la elección de la primera tarea lógica que debemos hacer, surgirá la voz de nuestra experiencia, la intuición. Nos dirá cuál es la acción más conveniente.

Igual la verificaremos con nuestro razonamiento normal, con el de todos los días, todos sabemos que, con distintas variaciones, la mayoría de las personas, comenzamos el día apagando el despertador. Después higiene, vestirse, tomar un café o un zumo de frutas o cereales, y, después salir. Parece un chiste, pero todos los comienzos, de cualquier cosa, tienen implícito un orden lógico y nuestra propia identidad y nuestras actividades nos dan las pistas, sabemos que lo primero es lo primero, lo más urgente.

Será nuestra primera etapa. En ella concentraremos toda nuestra energía y utilizaremos el mismo método que para elegirla. Concentración, rememoración, imaginación, clasificación e intuición. Una vez que concluyamos la primera etapa, nos prepararemos para la segunda, y la tercera, y las que hagan falta. Utilizando el mismo criterio, mejorado con la práctica y la reflexión sobre ella. ---

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© 2003. Alberto Costa.