¿CÓMO PONERSE EN MARCHA? Por Alberto Costa
(Publicado
por Revista CONSUMO, Edición 28, octubre 2003)
Comenzado
el curso escolar y laboral, casi liberados de la resaca de
las vacaciones, nos encontramos con el inicio de un nuevo
ciclo. La mayoría de las personas han hecho planes
y se han puesto objetivos para lograr. Lo primero que les
aparece, en cuanto se enfrentan al objetivo propuesto, son
dudas: ¿Podré hacerlo? ¿Seré capaz?
¿No sería mejor el año que viene? y ¿cómo
lo hago? Estas dudas son obstáculos que pone el temor
al cambio, a lo desconocido y a lo nuevo. El deseo de hacer
debe convertirse en voluntad de avanzar y así se superan
los obstáculos. El éxito se alcanza si se consigue
que todas las acciones se vayan sucediendo unas a otras según
su propio orden lógico.
Primera
verificación: Movimiento y estabilidad no son incompatibles.
Las
dudas aparecen ante la acción, porque ésta produce
una sensación de pérdida de estabilidad, lo
cual es fácil de entender observando que para dar un
paso adelante quedamos apoyados en un solo pie, lo que nos
da mucho menos estabilidad que cuando apoyamos los dos, pero
así no habría movimiento. Movimiento y estabilidad
no son incompatibles. Cuando caminamos no nos caemos, por
lo menos no siempre.
El
objetivo que nos hemos propuesto es producto de una necesidad,
que generó un intenso deseo que será el combustible
que utilizaremos. Nosotros, nuestro objetivo y el vínculo
de ida y vuelta que establecemos con él, constituimos
una unidad de producción, que es un instrumento para
conseguir un funcionamiento adecuado para el logro de nuestro
objetivo. Esta unidad de producción, que estará
interrelacionada con todo el sistema productivo de toda la
sociedad, tiene dos tareas simultáneas, la construcción
y mantenimiento del instrumento y mediante su funcionamiento,
la obtención del producto. A estas dos tareas estaremos
atentos.
Desde
esta unidad de producción volvemos a verificar si nuestro
objetivo es el correcto, en relación a nuestro propio
y más amplio proyecto de desarrollo personal y profesional.
¿Es el más adecuado para este momento? Observemos,
dibujemos un diagrama de nuestras necesidades, hagamos memoria
para reconocer a las que se conservan con más fuerza,
volvamos a observar entre las que más destacan, imaginemos
cuál de ellas nos dará más satisfacciones
¿es nuestro objetivo? ¿Es el que más
nos entusiasma? ¿Qué dice nuestra intuición?
¿Clasificamos bien a todo este material? ¿Y
nosotros mismos, tenemos preparación suficiente para
las tareas que nos requerirá el objetivo?
Segunda
verificación: ¿están estables todos los
vínculos afectivos?
Si
le hemos dicho sí a todo, con total seguridad, nos
ponemos en marcha. Debemos trazar un plan de acción
adecuado a nuestras condiciones actuales, pero que tenga en
cuenta que éstas se modificarán en cuanto estén
en un movimiento dirigido, lo que implica la necesidad de
que este plan esté abierto, en revisión permanente,
para ajustar medidas.
Es
necesario que delimitemos muy bien, con la mayor precisión
posible, el área donde trabajaremos. Esto es muy importante,
porque para que podamos concentrar todo nuestro esfuerzo en
un área, la profesional, por ejemplo, debemos contemplar
las demás áreas que también requieren
nuestra atención, como nuestro grupo familiar. Tendremos
que diseñar, en un apartado del plan, una acción
posible para asegurarnos una estabilidad en ese grupo del
que formamos parte, de tal manera que nos consuma la menor
energía posible, ya que necesitamos mucha para el objetivo
privilegiado.
Lo
mismo debemos hacer con nuestro trabajo, con nuestros amigos
y, fundamentalmente, con nuestra pareja, si la hay. Necesitamos
mantener todos los vínculos estables porque son una
fuente de reserva de energía emocional. Necesitamos
de las dos cosas, estabilidad y reserva de energía
emocional. Porque así como aparecieron las dudas, en
el principio, aparecerán otros obstáculos, internos
y externos, que forman parte de cualquier camino de desarrollo.
El plan de acción debe contar con ellos, debe dedicar
un apartado para un plan de acción de emergencia, para
la detección, identificación y eliminación,
de los obstáculos propios del camino. Como un antivirus,
en el ordenador.
Tercera
verificación: ¿cuál es la más
urgente de todas las tareas?
A
nuestro plan debemos llegar a verlo como podemos ver a un
buen plano de carretera. En donde se puedan ver las distancias,
el tipo de carretera, curvas, puentes, túneles, gasolineras,
lugares para eventuales descansos. Elementos que nos sirven
para tener un tiempo estimado, para calcular posibles cambios
de clima y prevenirlos. Nosotros tenemos una buena unidad
de producción que está poniéndose a tono
y, por ahora, el punto de partida y el punto de llegada.
Tenemos
que ver, mirando los dos puntos y colocándolos dentro
de lo que definimos como nuestro campo de acción, cuál
es la más urgente de todas las tareas parciales que
debemos hacer. Con el coche podría ser cargar gasolina,
¿y con nosotros?
Pondremos
un ejemplo, una persona decide independizarse, lleva 20 años
en su profesión y la conoce perfectamente. Se pone
como objetivo la independencia laboral, tiene dinero para
aguantar un año sin ganancias y tiene un buen fichero
de clientes y proveedores. Aparentemente tiene más
que suficiente. Pero cuando le preguntan sobre lo que menos
le gusta de él, dice que es negativo y pesimista, poco
constante, muy desconfiado y que se desanima pronto. Evidentemente
su primera tarea es buscar, con ayuda profesional si fuera
necesario, cómo resolver el conflicto entre lo que
desea y sus características personales, que son poco
apropiadas para crear su propia empresa, en la que tendría
que poner mucha confianza, ser positivo y realista, además
de constante y animoso. Este es un caso extremo, pero ilustrativo.
Saquemos nuestras propias conclusiones.
Cuarta
verificación: ¿qué dice nuestro razonamiento
normal?
La
primera tarea debe ser elegida por la intuición, que
tal como sabemos, proviene de una buena observación
de todo el trayecto que debemos hacer, de la activación
de todos los recuerdos que tengamos de trayectos similares,
los propios y los vistos, leídos, o escuchados, de
la imaginación, que busca vínculos más
allá del primer plano de atención y de la clasificación
correcta, que es la que incorpora sensaciones y emociones
ligadas al proceso que vamos desarrollando. En ese momento,
juntando todo ese material, que es nuestra materia prima para
la elaboración de lo que ahora nos ocupa, la elección
de la primera tarea lógica que debemos hacer, surgirá
la voz de nuestra experiencia, la intuición. Nos dirá
cuál es la acción más conveniente.
Igual
la verificaremos con nuestro razonamiento normal, con el de
todos los días, todos sabemos que, con distintas variaciones,
la mayoría de las personas, comenzamos el día
apagando el despertador. Después higiene, vestirse,
tomar un café o un zumo de frutas o cereales, y, después
salir. Parece un chiste, pero todos los comienzos, de cualquier
cosa, tienen implícito un orden lógico y nuestra
propia identidad y nuestras actividades nos dan las pistas,
sabemos que lo primero es lo primero, lo más urgente.
Será
nuestra primera etapa. En ella concentraremos toda nuestra
energía y utilizaremos el mismo método que para
elegirla. Concentración, rememoración, imaginación,
clasificación e intuición. Una vez que concluyamos
la primera etapa, nos prepararemos para la segunda, y la tercera,
y las que hagan falta. Utilizando el mismo criterio, mejorado
con la práctica y la reflexión sobre ella. ---
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