Alberto Costa es un estudioso de la condición humana. Trabaja como Psicoterapeuta Experto en Coaching, asesorando y respondiendo a las consultas que le hacen sobre Logro de Objetivos y Desarrollo Personal y Profesional. Atiende personalmente, en su consultorio o en Internet, a clientes individuales, grupales e institucionales, además de dar charlas y escribir sobre el tema. Publicó, en 2003, su GUÍA PRÁCTICA PARA EL LOGRO DE OBJETIVOS, y varios artículos en periódicos y revistas, como Espacio Humano, Consumo, Verdemente, Indicador Económico, Vivir con Salud y Nueva Empresa. Actualmente está escribiendo “Un viaje por La Rueda de la Fortuna”. Durante varios años dictó el seminario "Aspectos Psico-sociales de la Producción Grupal" y fue Co-Director de la Asociación Ícaro y Director del Área de Psicoterapia Grupal en el Centro Asistencial Médico-Psicoterapéutico de la misma Asociación.


COMO POSICIONARSE FRENTE AL ÉXITO. Por Alberto Costa

(Publicado en NUEVA EMPRESA, Nº 473, Octubre 2003.)

Con calma. Es lo principal. Inmediatamente, durante una fracción de tiempo, la que resulte de una mezcla entre lo posible y lo necesario, debemos dejar de lado todas las etiquetas. Necesitamos no tener en cuenta las características de nuestro sector, de nuestra empresa, de nuestro departamento, de nuestro orden jerárquico y del lenguaje acostumbrado en nuestro ambiente y nivel.

Necesitamos pensar en nosotros como personas. Es algo que desatendemos con cierta frecuencia, la atención a nuestra calidad primaria de sujetos de cualquier tarea hecha por nosotros. Y conviene no olvidarse que los pilares de nuestro funcionamiento profesional están apoyados en nuestra evolución personal. El éxito conseguido, aunque sea parcial, es la cumbre de un proceso en el que hemos mantenido un justo equilibrio emocional, aplicando un razonamiento correcto, pesando y midiendo todos los factores implicados, de tal manera que conseguimos exactamente lo que nos propusimos.

La realización, el éxito, de una tarea, implicó un razonamiento ajustado a un momento definido de nuestra propia evolución y, como consecuencia, es la terminación de un ciclo. Toda llegada es un final. La personalidad se fortalece y necesita emprender una nueva etapa.

La espiral constante.

En la que estamos inmersos ahora, en la satisfacción, incluso en la alegría, es un estado de ánimo complejo que proviene de nuestra acción anterior. De todas las acciones. Desde los estudios primarios hasta los últimos realizados, desde la relación formativa con nuestro núcleo primario, la familia, hasta todos los esfuerzos que hayamos hecho por ampliar nuestro campo de conciencia y por templar nuestro carácter.

Todo se corresponde y lo que fue siembra, hoy es cosecha. Y así seguirá siendo. Lo indica el impulso evolutivo de nuestra especie, el mismo que trajo, hace 40 o 50 mil años, a nuestros primeros antecesores a Europa. Y algo avanzamos. Hay un rotar incesante hacia delante, cuando se comprende así, se comienza a entender que no hay verdaderos obstáculos para la satisfacción de nuestros deseos.

Por eso se consiguen éxitos, por seguir un orden natural en las tareas, por lograr que cada suceso sea el indicado para continuar al anterior y preceder al siguiente. Cuando se buscan respuestas a preguntas muy bien definidas, se encuentran en la propia experiencia y en la propia actitud de búsqueda. Se supone y se entiende que todos y cada uno de los instrumentos que hemos utilizado en la producción del éxito actual, los hemos pulido con voluntad y delectación.

La colaboración interna.

No dejamos de tener en cuenta que uno siempre tiene la colaboración de un equipo, pero en este caso, en el que estamos desprovistos de etiquetas, en el que estamos desnudos frente a nosotros mismos, la colaboración que nos interesa es interna. Tiene que ver con la interacción entre nuestra faceta instintiva, no consciente, y la intelectual y auto consciente. También aparecen entrelazadas en espiral.

Gran parte de lo que conseguimos fue propiciado por un accionar recíproco entre las dos facetas. Pudimos ver que, percepciones, sentimientos y pensamientos, aparentemente inconexos, separados y divididos, formaban una totalidad. Eran en realidad distintas partes de una misma cosa.

Esto es lo que va marcando nuestro posicionamiento, hemos conseguido verificar que la capacidad de percibir diferencias entre las situaciones, la gente y las cosas, es fundamental para poner orden en los propios pensamientos. Lo más curioso de este proceso es que, al conseguir ese orden buscado, lo que aparece es una complementación absoluta entre los opuestos. Entre los reales, ya que la correcta discriminación nos sirvió para eliminar todo lo superfluo, lo puramente ilusorio, las apariencias. Nos quedamos con lo real y vimos que todos los elementos aparentemente opuestos son complementarios. Y esta comprensión de la unidad polifacética es la que nos conduce a donde queremos ir de verdad.

Los juegos de la memoria.

Grande o pequeño, el éxito que hemos tenido es nuestro éxito. Y en nuestra memoria permanecen todos los detalles de nuestro accionar, en los preliminares y en la tarea propiamente dicha. Tenemos recuerdos detallados de cada acción, en sus más mínimos detalles, y de cada sensación y de cada sentimiento que tuvimos antes, durante y después, de cada movimiento.

Hubo hechos sorprendentes, certezas que nos surgieron de ninguna parte conocida anteriormente. Comprobamos que en la memoria está también el conjunto de la experiencia de toda la especie humana, pudimos verificarlo a través de intuiciones, seguridades y percepciones de hechos, que no se explicaban con la lógica acostumbrada.

Comenzamos a plantearnos la posibilidad de integrar nuevos modelos de pensamiento, más integrales, modelos que tengan en cuenta que todos los días hay nuevos descubrimientos científicos y nuevas manifestaciones artísticas, que la mente humana no parece tener más límites que los de su propia ignorancia, que es algo subsanable.

Analizar la forma en que se llegó al éxito en una tarea determinada, hace pensar que, posiblemente, no sea muy distinto el camino en otras tareas futuras. Y lo que más claramente vemos, es que lo que conocemos de nosotros mismos, como instrumentos potenciales para el desarrollo de cualquier tarea, es apenas una parte. Como en un iceberg, es la parte que se ve, la que va en la superficie.

Reorganización.

La otra, la que no se ve, tiene mayor volumen, mayor profundidad y mayor amplitud. La figuración mental que nos hacemos del iceberg, nos resulta parecida a la relación que hay entre nuestro cerebro y el resto de nuestro organismo, con toda su complejidad y su aparente automatismo. Y lo que es más importante aún, con el análisis de nuestro funcionamiento para el logro de nuestro objetivo, el que culminó exitosamente, vemos que hemos hecho cosas que antes no sabíamos, vemos que hemos crecido, que hemos evolucionado positivamente.

Esto nos interesa mucho. Podemos intuir que hemos funcionado unitariamente, como personas y como profesionales. Estamos convencidos que ese fue el factor más decisivo para nuestro éxito. Desde ahí comienza nuestro funcionamiento futuro que, evidentemente, tendrá que encontrar, antes que nada, el punto de cruce entre la línea que trace nuestro interés empresario o profesional y la línea que marca nuestra necesidad de desarrollo, profundización y crecimiento personal. Ese punto de cruce será el centro de toda nuestra actividad futura.

Esa es la reorganización que nos hacía falta. La integración. Antes de comenzar nuestra reflexión sobre nuestro éxito, estábamos convencidos que la mejor técnica a seguir era mantener muy separados nuestros intereses personales y los profesionales. Hoy nos damos cuenta que los propios hechos nos han señalado, más de una vez, que podemos conseguir cualquier meta que nos propongamos siempre y cuando el punto de inicio de la actividad sea el punto de cruce de nuestros intereses confluyentes.

Nuestro posicionamiento

Este punto de cruce es el centro de nuestro auténtico deseo. Quizá convenga hacer algunos paralelismos, usar el pensamiento analógico, para ver que estamos hablando de algo muy serio. En el centro de una célula está el núcleo. En el centro de nuestro sistema planetario está el sol. En el centro del cuerpo humano está el corazón. Posicionarse en el centro de los acontecimientos es una gran aspiración con grandes posibilidades.

Ahora que además de haber tenido un éxito en nuestra actividad, hemos reflexionado sobre ello, sabemos que las cosas tienen un recubrimiento, que depende de nuestra capacidad de observación la posibilidad de atravesarlo y de ver adentro de las cosas y reconocerlas como son auténticamente.

Si utilizamos todos nuestros sistemas perceptivos y sus combinaciones, podemos llegar a reunir una cantidad de información muy importante para utilizarla en nuestra tarea. La que ya decidimos que tenía que ser el centro de nuestro deseo. El deseo es la energía universal tal como se manifiesta en el ser humano.

De tal manera que cuando seleccionamos un objetivo, estamos delimitando un campo de acción, parcelamos toda nuestra realidad, elegimos una parcela, la que contiene a nuestro objetivo, y en ella concentramos toda nuestra energía, toda, no una parte. Concentramos nuestra voluntad, imaginación y acción, esto nos posibilita el reconocimiento exacto de lo que debemos hacer. Y así comienza el proceso creativo que nos llevará a un nuevo éxito.

La transformación de viejos modelos.

Son muchos los nuevos procesos que hemos visto, ya no podemos seguir adelante sin hacer una renovación de todos los modelos de pensamiento y acción que ya no nos sirvan. La destrucción de estos viejos modelos libera energía y ésta nos servirá para la construcción de otros más nuevos, más maleables, más sutiles y más dinámicos.

La realidad, para nosotros, es la que percibimos. Si tenemos presente que los científicos abordan la realidad desde el Principio de Incertidumbre y la Teoría de la Relatividad, lo que muy sintéticamente significa que hay una diferencia entre la realidad propiamente dicha y nuestro conocimiento sobre ella. Podemos hacernos a la idea, básica y primordial, de que nuestra percepción, si nos lo proponemos como ejercicio permanente, puede desarrollarse y ampliarse, con lo que podremos acercarnos más, o ampliar más, nuestra visión y conocimiento de la realidad.

Esto es lo que le da fertilidad a nuestro pensamiento, la posibilidad de descubrir nuevas formas en sitios que ya suponíamos estáticos y casi petrificados. Si todo está en movimiento, y tanto nuestro organismo como el propio universo nos lo confirman, existe la posibilidad de nuevos descubrimientos aún en las cosas más trilladas. Observando con detenimiento y concentración, podremos encontrar vínculos entre cosas y situaciones aparentemente muy dispares. Esta riqueza, la que brinda la falta de certidumbres estáticas, es la que permitió nuestro éxito y la que traerá muchos más.

Sabemos que el único peligro que corremos es el descuido, la observación superficial, la falta de verificación de los datos que nos aportan nuestras percepciones. También nuestro lenguaje, nuestra forma de hablar y escuchar, debe indicar esta actitud de atención alerta, debe ser preciso, pero indagador.

Nuestras posibilidades no están limitadas más que por nuestra decisión de conocer las cosas tal como son y no como parecen ser. De esta forma podemos organizarnos con la seguridad que nuestra acción podrá concretarse en nuevos éxitos. Con lo que podemos concluir que la mejor manera de posicionarse frente al éxito es con humildad y con la seguridad de que nuestra tendencia a aprender de la realidad, es lo que nos permitió llevarnos bien con ella y esa buena relación es la que produjo y seguirá produciendo, el éxito.

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© 2003. Alberto Costa.