| COMO
POSICIONARSE FRENTE AL ÉXITO. Por Alberto Costa
(Publicado
en NUEVA EMPRESA, Nº 473, Octubre 2003.)
Con
calma. Es lo principal. Inmediatamente, durante una fracción
de tiempo, la que resulte de una mezcla entre lo posible y
lo necesario, debemos dejar de lado todas las etiquetas. Necesitamos
no tener en cuenta las características de nuestro sector,
de nuestra empresa, de nuestro departamento, de nuestro orden
jerárquico y del lenguaje acostumbrado en nuestro ambiente
y nivel.
Necesitamos
pensar en nosotros como personas. Es algo que desatendemos
con cierta frecuencia, la atención a nuestra calidad
primaria de sujetos de cualquier tarea hecha por nosotros.
Y conviene no olvidarse que los pilares de nuestro funcionamiento
profesional están apoyados en nuestra evolución
personal. El éxito conseguido, aunque sea parcial,
es la cumbre de un proceso en el que hemos mantenido un justo
equilibrio emocional, aplicando un razonamiento correcto,
pesando y midiendo todos los factores implicados, de tal manera
que conseguimos exactamente lo que nos propusimos.
La
realización, el éxito, de una tarea, implicó
un razonamiento ajustado a un momento definido de nuestra
propia evolución y, como consecuencia, es la terminación
de un ciclo. Toda llegada es un final. La personalidad se
fortalece y necesita emprender una nueva etapa.
La
espiral constante.
En
la que estamos inmersos ahora, en la satisfacción,
incluso en la alegría, es un estado de ánimo
complejo que proviene de nuestra acción anterior. De
todas las acciones. Desde los estudios primarios hasta los
últimos realizados, desde la relación formativa
con nuestro núcleo primario, la familia, hasta todos
los esfuerzos que hayamos hecho por ampliar nuestro campo
de conciencia y por templar nuestro carácter.
Todo
se corresponde y lo que fue siembra, hoy es cosecha. Y así
seguirá siendo. Lo indica el impulso evolutivo de nuestra
especie, el mismo que trajo, hace 40 o 50 mil años,
a nuestros primeros antecesores a Europa. Y algo avanzamos.
Hay un rotar incesante hacia delante, cuando se comprende
así, se comienza a entender que no hay verdaderos obstáculos
para la satisfacción de nuestros deseos.
Por
eso se consiguen éxitos, por seguir un orden natural
en las tareas, por lograr que cada suceso sea el indicado
para continuar al anterior y preceder al siguiente. Cuando
se buscan respuestas a preguntas muy bien definidas, se encuentran
en la propia experiencia y en la propia actitud de búsqueda.
Se supone y se entiende que todos y cada uno de los instrumentos
que hemos utilizado en la producción del éxito
actual, los hemos pulido con voluntad y delectación.
La
colaboración interna.
No
dejamos de tener en cuenta que uno siempre tiene la colaboración
de un equipo, pero en este caso, en el que estamos desprovistos
de etiquetas, en el que estamos desnudos frente a nosotros
mismos, la colaboración que nos interesa es interna.
Tiene que ver con la interacción entre nuestra faceta
instintiva, no consciente, y la intelectual y auto consciente.
También aparecen entrelazadas en espiral.
Gran
parte de lo que conseguimos fue propiciado por un accionar
recíproco entre las dos facetas. Pudimos ver que, percepciones,
sentimientos y pensamientos, aparentemente inconexos, separados
y divididos, formaban una totalidad. Eran en realidad distintas
partes de una misma cosa.
Esto
es lo que va marcando nuestro posicionamiento, hemos conseguido
verificar que la capacidad de percibir diferencias entre las
situaciones, la gente y las cosas, es fundamental para poner
orden en los propios pensamientos. Lo más curioso de
este proceso es que, al conseguir ese orden buscado, lo que
aparece es una complementación absoluta entre los opuestos.
Entre los reales, ya que la correcta discriminación
nos sirvió para eliminar todo lo superfluo, lo puramente
ilusorio, las apariencias. Nos quedamos con lo real y vimos
que todos los elementos aparentemente opuestos son complementarios.
Y esta comprensión de la unidad polifacética
es la que nos conduce a donde queremos ir de verdad.
Los
juegos de la memoria.
Grande
o pequeño, el éxito que hemos tenido es nuestro
éxito. Y en nuestra memoria permanecen todos los detalles
de nuestro accionar, en los preliminares y en la tarea propiamente
dicha. Tenemos recuerdos detallados de cada acción,
en sus más mínimos detalles, y de cada sensación
y de cada sentimiento que tuvimos antes, durante y después,
de cada movimiento.
Hubo
hechos sorprendentes, certezas que nos surgieron de ninguna
parte conocida anteriormente. Comprobamos que en la memoria
está también el conjunto de la experiencia de
toda la especie humana, pudimos verificarlo a través
de intuiciones, seguridades y percepciones de hechos, que
no se explicaban con la lógica acostumbrada.
Comenzamos
a plantearnos la posibilidad de integrar nuevos modelos de
pensamiento, más integrales, modelos que tengan en
cuenta que todos los días hay nuevos descubrimientos
científicos y nuevas manifestaciones artísticas,
que la mente humana no parece tener más límites
que los de su propia ignorancia, que es algo subsanable.
Analizar
la forma en que se llegó al éxito en una tarea
determinada, hace pensar que, posiblemente, no sea muy distinto
el camino en otras tareas futuras. Y lo que más claramente
vemos, es que lo que conocemos de nosotros mismos, como instrumentos
potenciales para el desarrollo de cualquier tarea, es apenas
una parte. Como en un iceberg, es la parte que se ve, la que
va en la superficie.
Reorganización.
La
otra, la que no se ve, tiene mayor volumen, mayor profundidad
y mayor amplitud. La figuración mental que nos hacemos
del iceberg, nos resulta parecida a la relación que
hay entre nuestro cerebro y el resto de nuestro organismo,
con toda su complejidad y su aparente automatismo. Y lo que
es más importante aún, con el análisis
de nuestro funcionamiento para el logro de nuestro objetivo,
el que culminó exitosamente, vemos que hemos hecho
cosas que antes no sabíamos, vemos que hemos crecido,
que hemos evolucionado positivamente.
Esto
nos interesa mucho. Podemos intuir que hemos funcionado unitariamente,
como personas y como profesionales. Estamos convencidos que
ese fue el factor más decisivo para nuestro éxito.
Desde ahí comienza nuestro funcionamiento futuro que,
evidentemente, tendrá que encontrar, antes que nada,
el punto de cruce entre la línea que trace nuestro
interés empresario o profesional y la línea
que marca nuestra necesidad de desarrollo, profundización
y crecimiento personal. Ese punto de cruce será el
centro de toda nuestra actividad futura.
Esa
es la reorganización que nos hacía falta. La
integración. Antes de comenzar nuestra reflexión
sobre nuestro éxito, estábamos convencidos que
la mejor técnica a seguir era mantener muy separados
nuestros intereses personales y los profesionales. Hoy nos
damos cuenta que los propios hechos nos han señalado,
más de una vez, que podemos conseguir cualquier meta
que nos propongamos siempre y cuando el punto de inicio de
la actividad sea el punto de cruce de nuestros intereses confluyentes.
Nuestro
posicionamiento
Este
punto de cruce es el centro de nuestro auténtico deseo.
Quizá convenga hacer algunos paralelismos, usar el
pensamiento analógico, para ver que estamos hablando
de algo muy serio. En el centro de una célula está
el núcleo. En el centro de nuestro sistema planetario
está el sol. En el centro del cuerpo humano está
el corazón. Posicionarse en el centro de los acontecimientos
es una gran aspiración con grandes posibilidades.
Ahora
que además de haber tenido un éxito en nuestra
actividad, hemos reflexionado sobre ello, sabemos que las
cosas tienen un recubrimiento, que depende de nuestra capacidad
de observación la posibilidad de atravesarlo y de ver
adentro de las cosas y reconocerlas como son auténticamente.
Si
utilizamos todos nuestros sistemas perceptivos y sus combinaciones,
podemos llegar a reunir una cantidad de información
muy importante para utilizarla en nuestra tarea. La que ya
decidimos que tenía que ser el centro de nuestro deseo.
El deseo es la energía universal tal como se manifiesta
en el ser humano.
De
tal manera que cuando seleccionamos un objetivo, estamos delimitando
un campo de acción, parcelamos toda nuestra realidad,
elegimos una parcela, la que contiene a nuestro objetivo,
y en ella concentramos toda nuestra energía, toda,
no una parte. Concentramos nuestra voluntad, imaginación
y acción, esto nos posibilita el reconocimiento exacto
de lo que debemos hacer. Y así comienza el proceso
creativo que nos llevará a un nuevo éxito.
La
transformación de viejos modelos.
Son
muchos los nuevos procesos que hemos visto, ya no podemos
seguir adelante sin hacer una renovación de todos los
modelos de pensamiento y acción que ya no nos sirvan.
La destrucción de estos viejos modelos libera energía
y ésta nos servirá para la construcción
de otros más nuevos, más maleables, más
sutiles y más dinámicos.
La
realidad, para nosotros, es la que percibimos. Si tenemos
presente que los científicos abordan la realidad desde
el Principio de Incertidumbre y la Teoría de la Relatividad,
lo que muy sintéticamente significa que hay una diferencia
entre la realidad propiamente dicha y nuestro conocimiento
sobre ella. Podemos hacernos a la idea, básica y primordial,
de que nuestra percepción, si nos lo proponemos como
ejercicio permanente, puede desarrollarse y ampliarse, con
lo que podremos acercarnos más, o ampliar más,
nuestra visión y conocimiento de la realidad.
Esto
es lo que le da fertilidad a nuestro pensamiento, la posibilidad
de descubrir nuevas formas en sitios que ya suponíamos
estáticos y casi petrificados. Si todo está
en movimiento, y tanto nuestro organismo como el propio universo
nos lo confirman, existe la posibilidad de nuevos descubrimientos
aún en las cosas más trilladas. Observando con
detenimiento y concentración, podremos encontrar vínculos
entre cosas y situaciones aparentemente muy dispares. Esta
riqueza, la que brinda la falta de certidumbres estáticas,
es la que permitió nuestro éxito y la que traerá
muchos más.
Sabemos
que el único peligro que corremos es el descuido, la
observación superficial, la falta de verificación
de los datos que nos aportan nuestras percepciones. También
nuestro lenguaje, nuestra forma de hablar y escuchar, debe
indicar esta actitud de atención alerta, debe ser preciso,
pero indagador.
Nuestras
posibilidades no están limitadas más que por
nuestra decisión de conocer las cosas tal como son
y no como parecen ser. De esta forma podemos organizarnos
con la seguridad que nuestra acción podrá concretarse
en nuevos éxitos. Con lo que podemos concluir que la
mejor manera de posicionarse frente al éxito es con
humildad y con la seguridad de que nuestra tendencia a aprender
de la realidad, es lo que nos permitió llevarnos bien
con ella y esa buena relación es la que produjo y seguirá
produciendo, el éxito.
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