Alberto Costa es un estudioso de la condición humana. Trabaja como Psicoterapeuta Experto en Coaching, asesorando y respondiendo a las consultas que le hacen sobre Logro de Objetivos y Desarrollo Personal y Profesional. Atiende personalmente, en su consultorio o en Internet, a clientes individuales, grupales e institucionales, además de dar charlas y escribir sobre el tema. Publicó, en 2003, su GUÍA PRÁCTICA PARA EL LOGRO DE OBJETIVOS, y varios artículos en periódicos y revistas, como Espacio Humano, Consumo, Verdemente, Indicador Económico, Vivir con Salud y Nueva Empresa. Actualmente está escribiendo “Un viaje por La Rueda de la Fortuna”. Durante varios años dictó el seminario "Aspectos Psico-sociales de la Producción Grupal" y fue Co-Director de la Asociación Ícaro y Director del Área de Psicoterapia Grupal en el Centro Asistencial Médico-Psicoterapéutico de la misma Asociación.



¿Cuál es la norma de lo normal? por Alberto Costa

Publicado por Espacio Humano (www.espaciohumano.es) en Octubre de 2004


Nuestro propósito es entender la necesidad de mejorar, en todos los senti-dos, la propia personalidad. Y nos encontramos con que lo mayoritariamente denominado normal es lo más alejado de lo distinto, de lo desconocido, de lo que causa inquietud, miedo, o confusión. Tal vez por eso la norma vigente suele ser anticreativa y tendiente al acomodamiento. El diccionario de la R.A.E. la define como la “Regla que se debe seguir o a que se deben ajustar las conductas, ta-reas, actividades, etc.” Evidentemente son reglas controladoras, preventivas y cautelares, que seguramente están muy bien en determinados sitios, frente a determinadas situaciones, pero nuestro propósito debe desarrollarse de forma totalmente libre y bastante audaz. Siguiendo lo que dijo el Dr. James Watson, el co-descubridor de la estructura molecular del ADN, en el diario El País, el 9 de abril de 2003, “Nada de precaución. Cada vez que oigo hablar del principio de precaución me sube la tensión. Los que lo preconizan tienen miedo de hacer algo bueno por si sucede algo malo no definido”.

Algunos pensamos que la norma más normal es, sin ninguna duda, la de la pro-pia vida, que es, entre otras muchas cosas, una enciclopedia de sí misma. Pero en clave simbólica. Los símbolos son los que dan una explicación de la cali-dad y del impulso de la energía que está implícita en todo crecimiento. Si uno se acerca a ellos de a poco, como si pelara una cebolla, por ejemplo, con cada capa que quita, descubre nuevas enseñanzas, cada capa es más interna, por lo que cada vez los significados son más profundos, al final aparece el cora-zón y es en el que cada uno ve, de una nueva manera, su experiencia y sus vi-vencias, que son las que le dan el sentido propio al desarrollo de su vida y el im-pulso necesario para buscar más amplias mejoras.

Algunos cabalistas aseguran que la psique del hombre y toda la naturaleza, fue-ron sembrados con símbolos. El analista Carl G. Jung, dijo, “Cuando la mente explora al símbolo se ve llevada a ideas que yacen más allá del alcance de la conciencia”. Entendemos que lo dice de la conciencia del propietario de esa mente en ese momento, cuando comienza a explorar al símbolo, porque si conti-núa con su exploración hasta entenderlo y leerlo dentro del conjunto del sistema simbólico en el que esté, su conciencia habrá crecido notablemente y, por lo tan-to, habrá ampliado el alcance de su comprensión usual. Y eso es lo que nos im-porta, el crecimiento integral, de tal modo que en nuestra conciencia se incor-pore nuestro saber sobre nosotros mismos, abarcando lo orgánico, lo sentimental, lo emocional, lo sensorial y lo racional. Lo que necesitamos es un desarrollo, voluntario y atento, para que cada vez sea menos lo que queda “más allá del alcance de la conciencia”.

Esto, como todo, no es fácil. Siempre aparecen obstáculos, para que pensemos más y mejor, seguramente. Uno de los obstáculos más importantes para este de-sarrollo voluntario y atento está implícito en una de las definiciones de símbolo, la que dice que “es una imagen, figura, o divisa, que representa un concepto moral o intelectual, por alguna semejanza o correspondencia que el entendimiento percibe entre este concepto y aquella imagen”. Algunos de los más importantes símbo-los fueron “sembrados” hace tal cantidad de siglos que la mayoría de la gente ha olvidado su significado. Algunas veces los han olvidado por sugeren-cia y acción punitiva del poder establecido, otras por efecto del ritmo desaforado con el que vive la mayoría y, a veces, por simple desconocimiento de la existencia y permanencia actual de los sistemas simbólicos y de los fines de crecimiento personal y social con los que proyectan cumplir.

La definición oficial de norma a veces se confunde con la de dogma, por eso es tan quietista, tan ajena al movimiento permanente en el que estamos inmer-sos. Movimiento del universo, del sistema solar, de nuestro planeta, de nuestra sociedad, de las distintas capas que forman a esta sociedad, de nuestros grupos de pertenencia y de nuestro propio movimiento evolutivo, con sus avances y sus retrocesos. Es fundamental tener en cuenta este movimiento porque nuestra propia identidad es identidad en movimiento, nadie es siempre igual, todos estamos en un determinado momento evolutivo. Esto se enseñaba en todas las sociedades primitivas que conocemos, en todas las culturas antiguas que han dejado testimonio de su existencia, también en sociedades secretas, cuando se perseguía a la difusión del conocimiento de las posibilidades de crecimiento per-sonal y espiritual. Los alquimistas, que usaban un lenguaje simbólico muy her-mético para ocultar el verdadero significado de sus textos, porque corrían peligro real de ir a parar a la hoguera, decían que todo su trabajo estaba dirigido a lograr La Gran Obra, que es un proceso de integración de lo consciente (principio mas-culino), con lo inconsciente (principio femenino), para lograr la producción de un nuevo ser, que es el propio alquimista desarrollado en toda su potencialidad física, mental y espiritual.

Cuando surgió el Psicoanálisis de Sigmund Freud y sus discípulos, no comenzó todo desde cero. Sus antecesores les habían dejado muchas pistas, en forma de símbolos. Hasta el Tarot y la Astrología, que suelen usarse globalmente con fines lúdicos, son sistemas simbólicos de crecimiento que indican un posible ca-mino, siempre mejorable, que viene desde nuestro origen y va hacia nuestro futu-ro. Gracias al hilo conductor que ya hablaba del inconsciente como factoría de nuestras potencialidades, Freud y Jung, con gran habilidad personal, adaptaron sus conocimientos, que fueron luego en dos direcciones muy distintas, a un len-guaje científico que suponían imprescindible. La aceptación del Inconsciente y de la sexualidad infantil por la comunidad científica fue muy importante, la es-tructuración de un método de trabajo para la cura de las patologías psíquicas también fue muy importante, pero entre tantas cosas importantes se fue dejando de lado, en el lenguaje psicológico, la necesidad de trasmitir a toda la sociedad, como históricamente se hacía, ceremonialmente, a los adolescentes, el proceso consciente del desarrollo y de sus etapas. Por lo que actualmente, en el lenguaje oficial, lo normal se define como lo no enfermo y como consecuencia todo aquello que no se atenga a la norma se cataloga como enfermo.

Ahora que estamos viviendo una época tan confusa que anuncia tantos cambios, no tenemos más opción que volver a preguntarnos sobre nuestra verdadera iden-tidad, ya que vimos que está en permanente movimiento evolutivo e involuti-vo, por lo que tiende a convertirse en otra cosa. Por eso nos interesa entender nuestras propias posibilidades de mejorarnos y por eso queremos ampliar al máximo el alcance de nuestra conciencia.

Porque con solo pensar en la teoría de Darwin sobre la evolución de las especies y aceptar que nuestros primeros antepasados fueron los primates y que los cam-bios hasta llegar a lo que ahora somos - algo muy perfectible evidentemente - fueron lentos y de crecimientos muy desparejos, podemos darnos cuenta que ya estamos evolucionando hacia un nuevo estado, o hacia una nueva especie. Con lo que debemos volver a preguntarnos: ¿Cuál es la norma de lo normal?.

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© 2003. Alberto Costa.