¿CUÁNDO COMIENZAN LOS CAMBIOS? Por Alberto Costa
(Publicado
por Revista CONSUMO, Edición 29, Noviembre 2003.)
Esta pregunta se la están haciendo muchas personas,
algunas de ellas han leído mis artículos anteriores
y me consultan, otras no. Pero es un tema que inquieta. Porque
llegado noviembre, con las actividades ya organizadas, los
hijos en el colegio o el instituto, habiendo elegido un objetivo
muy concreto para lograr, bien delimitado el campo de acción,
divididas las tareas en áreas muy pequeñas para
andar paso a paso, ¿cuándo comienzan los cambios?
Ya mismo. Lo más importante es tener muy claro que
la soledad que puede sentir cualquier adulto frente a lo cotidiano,
a la rutina diaria, no es más que una fantasía
que, a veces, constituye un obstáculo serio que dificulta
la visión de conjunto.
Porque
todas las cosas y las personas están y actúan
en conjunto, interrelacionadas, desde el grupo familiar hasta
el laboral, pasando por el amistoso y el más complicado
de entender a primera vista, el propio grupo interno. Cada
persona es, operativamente, un conjunto. Tiene muchas facetas
distintas, los roles, que se asumen diariamente en situaciones
dispares. En la familia y en el trabajo, por ejemplo. Háganse
la siguiente idea: cada faceta de actividad es un área
de un círculo que constituye toda su personalidad.
Para
hacerlo más gráfico tomen un compás y
tracen un círculo, después desde el centro tracen
unas líneas, radios, hasta el perímetro del
círculo, pueden dividir el círculo en cuatro,
seis, ocho, o más sectores. Cada sector delimita un
área. Cada área es un campo de actividad, laboral,
familiar, de ocio, de amistades, en una se es hijo o hija,
en otra se es padre o madre, en otra hermano o hermana, marido
o mujer, y hay muchas más. Todas coinciden en el centro,
en el punto que sirvió para trazar el círculo.
Ese centro es su intimidad, en ella confluyen todas sus actividades
y desde ella parten todas sus actitudes y decisiones. Nuestras
personalidades son un sistema complejo de interactividades.
Cualquier
situación que analicemos está dentro de un sistema
determinado que tiene un conjunto de reglas, o principios,
que lo entrelazan y lo definen. Pero se ha comprobado que
cualquier sistema comienza a modificarse en el momento que
una de sus partes integrantes decide cambiar su propio funcionamiento.
Este es un concepto que comenzó a estudiarse en la
física cuántica y, por su importancia, se fue
incorporando a la psicología dinámica y a todas
las ciencias sociales. Traducido al lenguaje cotidiano significa
que los cambios comienzan exactamente en el momento en que
nos los proponemos, porque nuestra primera acción es
observar y analizar nuestro campo de acción y al sistema
con el que estamos funcionando, con lo cual este sistema comienza
a modificarse y con él toda nuestra actividad, y los
resultados conseguidos, comienzan a cambiar.
Un
ejemplo del ámbito familiar.
Un
padre de dos adolescentes me contó que en su casa no
se hablaban, pero no estaban enfadados ni habían quejas,
simplemente no se hablaban, comían y cenaban juntos,
pero sólo comentaban, con muy pocas palabras, algún
incidente de los telediarios o de la serie, película,
o partido que estuvieran viendo por televisión. Me
decía que sus hijos habían cambiado, pero él
no tenía ni la menor idea de la dirección de
ese cambio, excepto en lo más evidente, en su aspecto
físico, en sus maneras y en su forma de vestirse. Se
sentía como un extraño en su casa y se le ocurrió
que sus hijos podían estar sintiendo algo similar.
Le
sugerí que intentara un cambio de situación,
comenzando por el sitio de reunión, aprovechando algún
día significativo. Le gustó la idea y el día
de su cumpleaños organizó una cena fuera de
su casa, con su mujer y sus hijos. Al principio tuvo miedo
de que no le aceptaran la invitación por cualquier
motivo que tendría que admitir, pero se arriesgó
y tuvo éxito. En la cena les hizo algunos comentarios
sobre su propia actividad y cautelosamente les preguntó
a sus hijos sobre sus intereses y perspectivas. Dio y tuvo
respuestas y encontraron puntos en común sobre los
que podrían seguir hablando en otras ocasiones. Y así
fue.
En
su casa comenzaron a conocerse más y a intimar. Ahora
se siente menos solo y más abierto a colaborar con
sus hijos, para que también se sientan menos solos
y tengan más conciencia de grupo familiar, cooperante
y solidario. Este padre consiguió un cambio agradable
y gratificante para él y para los suyos desde el momento
en que decidió hacer el primer movimiento, la primera
acción. Desde su intimidad hacia fuera, desde su centro
vital y sentimental hacia los otros, hacia sus hijos, en este
caso. Pero en todos los casos el proceso de cambio es igual,
comienza en el centro, porque en el centro está el
corazón, y desde ahí emite sentimientos hacia
fuera. Siempre supimos que uno, o una, cosecha de acuerdo
a lo que siembra.
Un
ejemplo del ámbito laboral.
Un
hombre joven, comercial, con pareja estable y trabajo fijo,
es promocionado a una categoría superior, en la que
tiene nuevas y mayores responsabilidades. Comienza a visitar
clientes de la empresa que son de primera categoría.
Está en una etapa de prueba, a todas sus visitas lo
acompaña un supervisor, que será quien informe
a la empresa sobre el desarrollo de sus actividades y, eventualmente,
lo puede ayudar en algún tema que todavía se
le escape.
En
su rendimiento comercial este hombre no tiene mayores problemas,
es un buen profesional y conoce su oficio. Pero está
agobiado, fuera de su trabajo está de mal humor e inquieto,
además no duerme bien. Siente que algo no funciona.
Con el supervisor no tiene problemas. Son sus clientes nuevos,
que suelen ser personas mayores, con mucha jerarquía
empresarial, los que lo ponen mal. Antes de hacer una visita,
que ya está previamente concertada, repasa todos sus
argumentos, los datos comerciales y personales que tiene de
sus nuevos clientes y las distintas alternativas que se le
pueden presentar. Aparentemente está todo muy bien.
Pero él sufre. Antes de entrar al edificio tiene temblores
y le sudan las manos.
En
el momento oportuno le pregunté a quienes se parecían
sus clientes, primero no entendió la pregunta, se desconcertó,
dudó, y después me dijo que no se parecían
a nadie, pero que antes de cada visita no podía dejar
de pensar en su padre que, usualmente, cuando era pequeño,
le decía que él no sería capaz de hacer
cosas importantes. Esto es algo que, lamentablemente, sucede
a menudo, un padre que daña la autoestima de su hijo
porque sí, por sus propios problemas. Le señalé
que el ascenso que le estaba dando su empresa desmentía
la opinión de su padre. En cuanto tomó conciencia
de ello, se peleó, internamente, con su padre y lo
descalificó como juez de su actividad actual. Desde
ese momento comenzó a estar mucho mejor. Actualmente
va solo a sus visitas, su supervisor le dio el visto bueno
y la empresa lo confirmó en su nuevo puesto.
Una
vez que este profesional consiguió discriminar su trabajo,
como algo muy distinto a los recuerdos que lo abrumaban, comenzó
a cambiar, a rendir bien y a disfrutar de su éxito
profesional, lo que, a su vez, le permitió acomodar
todas las demás áreas de su vida, que se estaban
resintiendo.
Con
este ejemplo volvemos a ver que el cambio comienza en el centro
de toda actividad, en una especie de conducto, o vínculo
emocional, que va del corazón a la mente y retorna
de la mente al corazón. En ese sitio, que todos y todas
tenemos, es donde se originan los cambios, los más
beneficiosos. ¿Cuándo? Cuando ese conducto esté
perfectamente limpio de bloqueos no deseados.
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