6. EL CAMBIO.
El
análisis consciente del producto de la intuición
nos ha permitido el acceso a la enseñanza interior,
a la del centro, a la experiencia acumulada en el punto de
intersección de la historia de toda la humanidad con
nuestra propia historia. Nos ha dado la certeza de la presencia
de todo el impulso vital en nuestra propia memoria. A nuestra
disposición.
Cuando
aprendemos algo de nosotros mismos ya no podemos volver atrás.
No podemos hacer de cuenta que no sabemos nada de lo que hemos
incorporado conscientemente. Inevitablemente nos encontramos
en una situación distinta a la que estábamos
antes. Hemos cambiado, somos distintos, en lo que más
nos interesa actualmente, en la forma de percibirnos con relación
a nuestro objetivo. Y al propio objetivo también.
Se
nos aclara el concepto de ser, simultáneamente, instrumentos
para la producción de nuestro objetivo y productos
de nuestro camino de aprendizaje para el logro de ese objetivo.
Nosotros, desde nuestro crecimiento como personas creativas,
somos el principal objetivo de todos, el generador de todo
proceso, desde su concepción, su delimitación
y su visualización, hasta su concreción y el
gozo consecuente.
Al
conectarnos con nuestras fuerzas inconscientes hemos logrado
percibir una fuente energética inconmensurable. El
inconsciente, en términos generales, seguirá
siendo difícil de entender, pero en situaciones particulares,
en áreas delimitadas por nuestras necesidades actuales,
hemos utilizado una forma de cooperación induciendo
a nuestro inconsciente a que elabore respuestas para preguntas
concretas y hemos verificado su acertada solución.
El
verbo inducir significa “instigar, persuadir, mover
a alguien”, y también, “extraer, a partir
de determinadas observaciones o experiencias particulares,
el principio general que en ellas está implícito”.
Sabemos, por lo que nos han contado, que varios principios,
o leyes generales, de la física, como la de la gravedad,
por ejemplo, fueron confirmadas de la misma forma que Newton,
que lo hizo al observar la caída de una manzana. Un
hecho particular que, dentro de un contexto y de un sistema
de ideas en actividad, induce un principio general o ley.
Nosotros
también estamos trabajando de esta forma, con la seguridad
que nos provee nuestra observación detallada de los
hechos, que el logro de nuestro objetivo será una experiencia
particular que confirmará que el impulso vital es evolutivo
y abarcativo de todos aquellos intentos por mejorar la calidad
de vida de todos y de cada uno de los seres humanos.
Esto,
aunque no es la primera vez que lo vemos, requiere mucha reflexión.
Porque ahora lo estamos asegurando desde nuestra propia experiencia.
Llegamos a esta conclusión después de haber
ejercitado la concentración en un tema muy particular,
la rememoración, la imaginación, el razonamiento,
la clasificación pertinente de todo lo descubierto
y, fundamentalmente, gracias a un trabajo constante de reflexión
y escucha, hemos conseguido dirigir la búsqueda de
nuestra intuición en una dirección determinada,
que nos responde como la voz de la experiencia total de toda
nuestra especie.
Dijo
el científico Albert Einstein, que “la mente
intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional una sirviente
fiel.” Y que, a veces, “honramos a los sirvientes
y olvidamos los regalos”.
Nosotros
ahora sabemos que si alimentamos correctamente a nuestro razonamiento
con percepciones bien definidas y verificadas, haciendo uso
de toda la memoria colectiva y de la más libre imaginación
creativa, nos beneficiaremos con la enseñanza interna
de la intuición. Y ésta nos indica el cambio
más importante que se da en nuestros modelos de pensamiento.
Para conseguir algo no tenemos que estar en contra de nada
que no sea nuestra propia ignorancia de algunos aspectos vitales
del tema que nos ocupa.
El
cambio entonces es interno y, sin embargo determina nuestra
percepción de lo externo. Es una constatación
de que los obstáculos que podemos encontrar para el
desarrollo de nuestras tareas parciales, incluso las cotidianas,
o para el logro de nuestro objetivo principal, no son más
que eso, obstáculos, que son “impedimentos, dificultades,
o inconvenientes”, que los removeremos y fragmentaremos
acercándonos a ellos con el mismo espíritu que
nos acercamos a cualquier otra tarea.
Con
la seguridad en que nuestro conocimiento comienza por muy
poco y se va ampliando en la medida que utilicemos, atenta
y conscientemente alertas, a los cinco principios activos
de este modelo de producción que estamos comenzando
a utilizar.
La
energía renovable.
Esta
utilización hace necesario que eliminemos otros modelos
que se nos quedan antiguos, y si observamos el proceso, veremos
en la práctica como se desarrolla el más básico
de toda producción.
Un
modelo funciona con un determinado monto de energía
y al perder su funcionalidad libera esa energía que
producía y la deja libre, pero como ese modelo formaba
parte de un sistema de ideas más amplio, que es el
que está dirigido hacia nuestro objetivo, la energía
se mantiene dentro de ese sistema para fortalecer al nuevo
modelo que, en este caso, estamos comenzando a utilizar.
Podemos
reflexionar sobre la semejanza que tiene este proceso en el
campo de las ideas y las percepciones, con la unión
de las dos células que se funden en una sola en el
momento de la concepción de un nuevo ser, o de la semilla
que se rompe para germinar, crecer y volver a dar semillas.
Desde
este punto en el que estamos podemos ver que la mayoría
de los obstáculos que suponíamos entre nosotros
y nuestro objetivo, no eran tan grandes como nuestro desconocimiento
sobre ellos.
Ahora
sabemos que no hay nada, por enorme que parezca, que no esté
compuesto por pequeñas unidades y conocer la estructura
y el funcionamiento de éstas nos permite entender el
conjunto.
Si
pensamos en el lenguaje, por ejemplo, no podemos dejar de
asombrarnos de que La Biblia esté escrita, en castellano,
con la combinación de 27 letras, como El Quijote, y
que esas combinaciones hacen sílabas y palabras y frases.
Así se forman los textos, combinando, con talento,
los 27 elementos básicos, en castellano.
Cualquier
situación tiene una textura determinada. Si la estudiamos
detenidamente, paso por paso, buscando siempre su estructura
más elemental, la entenderemos, y en ese momento nuestros
planes serán los más ajustados y productivos
para esa situación en particular. Y para la siguiente
se harán nuevos planes.
Éstos
requerirán adecuados modelos de pensamiento, lo que
no será nada más que una reactualización
de todos los modelos disponibles, su puesta a punto y, lo
más importante, la liberación de energía
disponible en modelos no productivos que no utilizamos.
Romperlos
es imperativo para liberar esa energía y utilizarla
en nuevos modelos. Es lo que hacemos con los alimentos, los
masticamos hasta romper sus formas originales para, por diversos
procesos, incorporar sus nutrientes y dirigirlos hacia donde
son necesarios.
Nuestra
estructura elemental nos indica que la convivencia con nuestras
partes inconscientes existió siempre y en buena armonía,
en la mayoría de los casos.
Lo
que incorporamos ahora es la voluntad de conectarnos más
con toda esa riqueza acumulada en cada uno de nuestros genes
y en nuestra memoria colectiva, de co-elaborar nuestros objetivos,
nuestros planes y nuestros logros. Ese es el cambio fundamental.
Hemos
logrado dar forma a un modelo de creatividad propia que incorpora,
como refuerzo energético, a un canal de comunicación
fluida entre nuestros conocimientos y experiencias y la experiencia
de todos los que nos han precedido. Y de todo lo que conocemos
como naturaleza.
Si
tiene alguna sugerencia o duda sobre este capítulo
comuníquese con el autor, en alberto.costa@tiscali.es
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