Alberto Costa es un estudioso de la condición humana. Trabaja como Psicoterapeuta Experto en Coaching, asesorando y respondiendo a las consultas que le hacen sobre Logro de Objetivos y Desarrollo Personal y Profesional. Atiende personalmente, en su consultorio o en Internet, a clientes individuales, grupales e institucionales, además de dar charlas y escribir sobre el tema. Publicó, en 2003, su GUÍA PRÁCTICA PARA EL LOGRO DE OBJETIVOS, y varios artículos en periódicos y revistas, como Espacio Humano, Consumo, Verdemente, Indicador Económico, Vivir con Salud y Nueva Empresa. Actualmente está escribiendo “Un viaje por La Rueda de la Fortuna”. Durante varios años dictó el seminario "Aspectos Psico-sociales de la Producción Grupal" y fue Co-Director de la Asociación Ícaro y Director del Área de Psicoterapia Grupal en el Centro Asistencial Médico-Psicoterapéutico de la misma Asociación.



5. INTUICIÓN.

Después de ejercitarnos en la observación detallada de los hechos, de clasificarlos y de encontrar todos los vínculos posibles entre todo lo observado y lo rememorado, comienza a configurarse una nueva manera de afrontar las tareas pendientes.

Es muy posible que ya hayamos descubierto que tenemos 120 combinaciones posibles para el uso de nuestros cinco sentidos. Nuestra mente las capta y las registra a todas, aunque no siempre somos conscientes de dichas percepciones combinadas, pero en eso estamos, en un ejercicio permanente para ampliar nuestro campo de conciencia.

Si estamos concentrados en una tarea que estructura a nuestro objetivo central, que es la diana de todos nuestros esfuerzos, la conciencia alerta es nuestro mejor instrumento y puede desarrollarse más todavía, pero exclusivamente con la práctica.

Al principio de cualquier tarea hay muchas más dificultades que después de algún tiempo. El desarrollo de la percepción también es gradual, parecido a cuando aprendimos a leer, las letras, las sílabas, las palabras, las frases y los párrafos.

Nuestro lenguaje, el que usamos cotidianamente, también irá ajustándose con pericia y precisión, día a día, ya que es el reflejo de nuestro actual grado de conciencia. Y ésta nos indica que percibimos más cosas que las que nos llegan por nuestros sentidos físicos y todas sus combinaciones.

Nuestra mente incorpora, asocia y clasifica, la información de la realidad externa, asociándola con la que ya tenemos acumulada en nuestra memoria. De esta mezcla surgirán varias nuevas formas de percepción.

Como la intuición, que “es una percepción interna y fugaz de una idea o una verdad que aparece como indudable a quien la tiene”. Y es así porque al incorporar el resultado de la observación precisa de hechos particulares comenzamos a ver la posibilidad de generalizar conceptos.

Porque la intuición también nos hace conscientes de los principios generales, los marcos, que nuestra propia naturaleza nos indica. Como dar por supuesto que todas las demás personas hacen similares intentos al nuestro por mejorar y evolucionar.

Lo que también podemos llegar a ver con claridad es que cuando tomamos como modelo a la propia naturaleza, a nosotros mismos, como modelo más idóneo para seguir, vemos que es nuestra mente la que metaboliza nuestros sentimientos, nuestros procesos físicos, nuestro instinto evolutivo, los productos de nuestras percepciones, los mensajes que nos llegan de nuestro inconsciente y la que canaliza toda la energía que estos movimientos producen para concentrarla en nuestra tarea actual.

Conviene recordar la cantidad de veces que hemos escuchado o leído que utilizamos sólo el 10 por ciento de nuestro cerebro. Que no sea por propia voluntad. Más bien hagamos esfuerzos por utilizar todo lo que podamos. Ampliando nuestra conciencia, día a día. Con el sudor de nuestra frente. Modificando actitudes, suprimiendo modos de pensamiento cerrados, no productivos.

El control de nuestra mente.

La mente, el cerebro, el sistema psíquico, están en la cabeza. Estar en la cabeza es dirigir el proceso, y ya sabemos que la única manera de dirigirnos es aceptarnos como parte de un proceso mucho más amplio, la vida, y procurar mantenernos en consonancia con él.

Con expectación, descubriendo las interconexiones entre nuestro impulso evolutivo y nuestra individualidad, entre nuestro sistema inconsciente y nuestra conciencia, entre nuestra parte receptiva, protectora, generosa, y nuestra parte impulsiva, aguerrida y voluntariosa, entre nuestra individualidad y nuestro ser social.

En la mente debe estar la intención de conjugar la permanente presencia de los aparentes opuestos. En equilibrio exacto. O lo más exacto que nos resulte posible en el momento actual. Con la práctica llegará la maestría.

Buscando la forma de aceptar y desarrollar la intuición como una nueva herramienta de trabajo que integra todos los elementos que hemos visto hasta ahora, nos encontramos frente a la evidencia que nos muestra al sistema psíquico inconsciente como un sistema más de los que tenemos como personas, tal como el organismo físico, el sistema emocional, el afectivo y el espiritual.

De esto se puede deducir que el esquema básico de su funcionamiento no puede ser muy distinto a cualquiera de los otros sistemas. Incorpora todo lo que percibe, lo que siente, lo que piensa, y muchas más cosas, las interpreta, las asocia y las clasifica. Y a lo que no sirve, lo elimina. Cuando todo funciona bien, como en los demás sistemas.

Con todo lo que hemos observado, recordado, imaginado y razonado, podemos afirmar que esto, necesariamente, es así, que de la misma forma que intercambiamos información entre nuestro sistema digestivo, por ejemplo, y nuestro consciente, para evaluar una posible comida, o un postre, podemos intercambiar información con nuestro sistema psíquico inconsciente para inducir una devolución analizada de una pregunta concreta que nos hayamos hecho. Seguramente es desde este concepto que se dice y se usa, aquello de “consultarlo con la almohada”.

Porque hasta hace muy poco tiempo pensábamos que nuestras circunstancias nos tenían cercados, que nuestras posibilidades no podían superar esas barreras. Ahora podemos clasificar a estas circunstancias como un aspecto de la realidad, y sabemos que la realidad tiene muchos aspectos, y también sabemos que la definición de la realidad no es la realidad misma. Lo más similar a la realidad es lo más básico, la esencia. Conviene que nos demos cuenta que detrás de todos los modelos y marcas de zapatos está la necesidad de proteger los pies, y algo similar sucede con cualquier otro producto. Así es con todo, incluso con los sentimientos. Pueden manifestarse de mil formas distintas y, en el fondo, estaremos hablando de la presencia, o ausencia, de amor.

Las interpretaciones prematuras.

Nuestra necesidad de mejorar nuestra calidad de vida está íntimamente ligada con la necesidad evolutiva de toda nuestra especie de encontrar una forma de desarrollo que no repita los actuales disparates que suceden en nuestro mundo.

Otro aspecto de la realidad en la que estamos trabajando es la interpretación que hicimos de nuestras circunstancias, en otro momento, y los conceptos apresurados que pudimos haber incorporado. Es imprescindible revisarlos y, posiblemente, cambiarlos, ahora podemos confirmar que somos exactamente lo que pensamos e interpretamos sobre nosotros mismos durante toda nuestra vida, antes de tomar la decisión actual. La de ser el instrumento básico para la producción de todas las líneas de nuestro detallado plan para mejorar nuestra calidad de vida.

En este momento nos conviene incorporar la auto consulta, que se deriva del intercambio reflexivo entre la limitación de un campo de atención, la concentración en él, la incorporación de los recuerdos ilustrativos, la imaginación creativa buscando vínculos no evidentes y la clasificación correcta de todo este material. Agregando la posibilidad de acceder a una comunicación directa con nuestra parte genérica, inconsciente, que es la que sigue la dirección del impulso evolutivo, lo que nos la señala como la dirección más conveniente.

Este nuevo canal de comunicación es la intuición. Como a todas nuestras potencialidades, la iremos incorporando poco a poco y se desarrollará con la práctica y con la reflexión sobre la práctica, para posibles ajustes. La intuición está definida como la facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin razonamiento. Las cosas son las que nos mantienen ocupados, las que están dentro de nuestro campo de atención. Las que han sido registradas en nuestra memoria siguiendo los pasos previos de observar, recordar, imaginar y clasificar.

Es importante volver a pensar en que nosotros, como personas, funcionamos como las partes más infinitesimales de nuestro organismo físico, siguiendo siempre las características generales del fenómeno vital, tal como lo han llamado otras personas como nosotros, que se han especializado en genética y se han destacado.

Este fenómeno vital se caracteriza por su energía, la que consume y la que genera. Por su replicación, que es un proceso de conservación y transmisión de la información a través de las moléculas hereditarias, el ADN. Por su estabilidad, lograda porque todos sus componentes y niveles de organización se encuentran fuertemente integrados. Y por su autoorganización, que le permite construirse a sí mismo desde moléculas hasta construir células, tejidos y órganos.

Todo esto que sucede en nuestro organismo, a niveles totalmente inconscientes, dibuja un modelo organizativo y funcional que se repite en nosotros, individualmente, y en lo social, por ejemplo en los gobiernos, que así como nosotros tenemos distintos órganos y glándulas, los gobiernos tienen ministerios y subsecretarías. En las instituciones, en las empresas, en las asociaciones de cualquier tipo, se repite un modelo similar.

Según la información histórica que disponemos estos modelos van cambiando, con distintas velocidades, según una correlación directa entre los grandes avances científicos, filosóficos y artísticos que alteran la forma convencional de pensar sobre nosotros mismos. Ampliando nuestra información alteramos modelos de pensamiento que deberán ser reconocidos, comprendidos e incorporados.

Entonces entendemos las cosas “instantáneamente”, porque vivimos 24 horas por día, estemos durmiendo, comiendo, o trabajando. Todos los distintos sectores nuestros funcionan comunicados entre sí, pero autónomamente. Y todos los procesos iniciados están en marcha, ocupándose de su energía, de su auto organización, de su replicación y de su estabilidad.

Nuestra experiencia real.

Nuestra actividad actual es idéntica al fenómeno vital, que no se diferencia demasiado del impulso evolutivo. Así lo viene haciendo desde hace cientos de millones de años, acumulando experiencia. Casi 8 millones de años en nuestra propia especie. No es poca experiencia y está toda en nosotros mismos, cuando conseguimos oír la voz de la experiencia, intuimos. Esa es la intuición. La nuestra. La voz de toda nuestra experiencia.

Con esta posibilidad de incorporar otras formas de percepción de la realidad tal como es y no sólo como nos aparece a primera vista, podemos volver a reflexionar sobre nuestro objetivo general y sobre cada una de las etapas que nos faltan por hacer, incorporando la experiencia acumulada por todos nuestros antecesores en nosotros mismos.

Es difícil suponer que no tengamos suficiente información sobre las distintas variables que podemos emprender, y si no la tuviéramos sería simplemente por la existencia de una zona obscura, ininteligible, lo que no debería producir otro efecto que el de incorporar, como tarea inmediata, la iluminación de esa zona. Por el mismo método, concentración, rememoración, imaginación, clasificación, e intuición.


Si tiene alguna sugerencia o duda sobre este capítulo comuníquese con el autor, en alberto.costa@tiscali.es

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© 2003. Alberto Costa.