5. INTUICIÓN.
Después
de ejercitarnos en la observación detallada de los
hechos, de clasificarlos y de encontrar todos los vínculos
posibles entre todo lo observado y lo rememorado, comienza
a configurarse una nueva manera de afrontar las tareas pendientes.
Es
muy posible que ya hayamos descubierto que tenemos 120 combinaciones
posibles para el uso de nuestros cinco sentidos. Nuestra mente
las capta y las registra a todas, aunque no siempre somos
conscientes de dichas percepciones combinadas, pero en eso
estamos, en un ejercicio permanente para ampliar nuestro campo
de conciencia.
Si
estamos concentrados en una tarea que estructura a nuestro
objetivo central, que es la diana de todos nuestros esfuerzos,
la conciencia alerta es nuestro mejor instrumento y puede
desarrollarse más todavía, pero exclusivamente
con la práctica.
Al
principio de cualquier tarea hay muchas más dificultades
que después de algún tiempo. El desarrollo de
la percepción también es gradual, parecido a
cuando aprendimos a leer, las letras, las sílabas,
las palabras, las frases y los párrafos.
Nuestro
lenguaje, el que usamos cotidianamente, también irá
ajustándose con pericia y precisión, día
a día, ya que es el reflejo de nuestro actual grado
de conciencia. Y ésta nos indica que percibimos más
cosas que las que nos llegan por nuestros sentidos físicos
y todas sus combinaciones.
Nuestra
mente incorpora, asocia y clasifica, la información
de la realidad externa, asociándola con la que ya tenemos
acumulada en nuestra memoria. De esta mezcla surgirán
varias nuevas formas de percepción.
Como
la intuición, que “es una percepción interna
y fugaz de una idea o una verdad que aparece como indudable
a quien la tiene”. Y es así porque al incorporar
el resultado de la observación precisa de hechos particulares
comenzamos a ver la posibilidad de generalizar conceptos.
Porque
la intuición también nos hace conscientes de
los principios generales, los marcos, que nuestra propia naturaleza
nos indica. Como dar por supuesto que todas las demás
personas hacen similares intentos al nuestro por mejorar y
evolucionar.
Lo
que también podemos llegar a ver con claridad es que
cuando tomamos como modelo a la propia naturaleza, a nosotros
mismos, como modelo más idóneo para seguir,
vemos que es nuestra mente la que metaboliza nuestros sentimientos,
nuestros procesos físicos, nuestro instinto evolutivo,
los productos de nuestras percepciones, los mensajes que nos
llegan de nuestro inconsciente y la que canaliza toda la energía
que estos movimientos producen para concentrarla en nuestra
tarea actual.
Conviene
recordar la cantidad de veces que hemos escuchado o leído
que utilizamos sólo el 10 por ciento de nuestro cerebro.
Que no sea por propia voluntad. Más bien hagamos esfuerzos
por utilizar todo lo que podamos. Ampliando nuestra conciencia,
día a día. Con el sudor de nuestra frente. Modificando
actitudes, suprimiendo modos de pensamiento cerrados, no productivos.
El
control de nuestra mente.
La
mente, el cerebro, el sistema psíquico, están
en la cabeza. Estar en la cabeza es dirigir el proceso, y
ya sabemos que la única manera de dirigirnos es aceptarnos
como parte de un proceso mucho más amplio, la vida,
y procurar mantenernos en consonancia con él.
Con
expectación, descubriendo las interconexiones entre
nuestro impulso evolutivo y nuestra individualidad, entre
nuestro sistema inconsciente y nuestra conciencia, entre nuestra
parte receptiva, protectora, generosa, y nuestra parte impulsiva,
aguerrida y voluntariosa, entre nuestra individualidad y nuestro
ser social.
En
la mente debe estar la intención de conjugar la permanente
presencia de los aparentes opuestos. En equilibrio exacto.
O lo más exacto que nos resulte posible en el momento
actual. Con la práctica llegará la maestría.
Buscando
la forma de aceptar y desarrollar la intuición como
una nueva herramienta de trabajo que integra todos los elementos
que hemos visto hasta ahora, nos encontramos frente a la evidencia
que nos muestra al sistema psíquico inconsciente como
un sistema más de los que tenemos como personas, tal
como el organismo físico, el sistema emocional, el
afectivo y el espiritual.
De
esto se puede deducir que el esquema básico de su funcionamiento
no puede ser muy distinto a cualquiera de los otros sistemas.
Incorpora todo lo que percibe, lo que siente, lo que piensa,
y muchas más cosas, las interpreta, las asocia y las
clasifica. Y a lo que no sirve, lo elimina. Cuando todo funciona
bien, como en los demás sistemas.
Con
todo lo que hemos observado, recordado, imaginado y razonado,
podemos afirmar que esto, necesariamente, es así, que
de la misma forma que intercambiamos información entre
nuestro sistema digestivo, por ejemplo, y nuestro consciente,
para evaluar una posible comida, o un postre, podemos intercambiar
información con nuestro sistema psíquico inconsciente
para inducir una devolución analizada de una pregunta
concreta que nos hayamos hecho. Seguramente es desde este
concepto que se dice y se usa, aquello de “consultarlo
con la almohada”.
Porque
hasta hace muy poco tiempo pensábamos que nuestras
circunstancias nos tenían cercados, que nuestras posibilidades
no podían superar esas barreras. Ahora podemos clasificar
a estas circunstancias como un aspecto de la realidad, y sabemos
que la realidad tiene muchos aspectos, y también sabemos
que la definición de la realidad no es la realidad
misma. Lo más similar a la realidad es lo más
básico, la esencia. Conviene que nos demos cuenta que
detrás de todos los modelos y marcas de zapatos está
la necesidad de proteger los pies, y algo similar sucede con
cualquier otro producto. Así es con todo, incluso con
los sentimientos. Pueden manifestarse de mil formas distintas
y, en el fondo, estaremos hablando de la presencia, o ausencia,
de amor.
Las
interpretaciones prematuras.
Nuestra
necesidad de mejorar nuestra calidad de vida está íntimamente
ligada con la necesidad evolutiva de toda nuestra especie
de encontrar una forma de desarrollo que no repita los actuales
disparates que suceden en nuestro mundo.
Otro
aspecto de la realidad en la que estamos trabajando es la
interpretación que hicimos de nuestras circunstancias,
en otro momento, y los conceptos apresurados que pudimos haber
incorporado. Es imprescindible revisarlos y, posiblemente,
cambiarlos, ahora podemos confirmar que somos exactamente
lo que pensamos e interpretamos sobre nosotros mismos durante
toda nuestra vida, antes de tomar la decisión actual.
La de ser el instrumento básico para la producción
de todas las líneas de nuestro detallado plan para
mejorar nuestra calidad de vida.
En
este momento nos conviene incorporar la auto consulta, que
se deriva del intercambio reflexivo entre la limitación
de un campo de atención, la concentración en
él, la incorporación de los recuerdos ilustrativos,
la imaginación creativa buscando vínculos no
evidentes y la clasificación correcta de todo este
material. Agregando la posibilidad de acceder a una comunicación
directa con nuestra parte genérica, inconsciente, que
es la que sigue la dirección del impulso evolutivo,
lo que nos la señala como la dirección más
conveniente.
Este
nuevo canal de comunicación es la intuición.
Como a todas nuestras potencialidades, la iremos incorporando
poco a poco y se desarrollará con la práctica
y con la reflexión sobre la práctica, para posibles
ajustes. La intuición está definida como la
facultad de comprender las cosas instantáneamente,
sin razonamiento. Las cosas son las que nos mantienen ocupados,
las que están dentro de nuestro campo de atención.
Las que han sido registradas en nuestra memoria siguiendo
los pasos previos de observar, recordar, imaginar y clasificar.
Es
importante volver a pensar en que nosotros, como personas,
funcionamos como las partes más infinitesimales de
nuestro organismo físico, siguiendo siempre las características
generales del fenómeno vital, tal como lo han llamado
otras personas como nosotros, que se han especializado en
genética y se han destacado.
Este
fenómeno vital se caracteriza por su energía,
la que consume y la que genera. Por su replicación,
que es un proceso de conservación y transmisión
de la información a través de las moléculas
hereditarias, el ADN. Por su estabilidad, lograda porque todos
sus componentes y niveles de organización se encuentran
fuertemente integrados. Y por su autoorganización,
que le permite construirse a sí mismo desde moléculas
hasta construir células, tejidos y órganos.
Todo
esto que sucede en nuestro organismo, a niveles totalmente
inconscientes, dibuja un modelo organizativo y funcional que
se repite en nosotros, individualmente, y en lo social, por
ejemplo en los gobiernos, que así como nosotros tenemos
distintos órganos y glándulas, los gobiernos
tienen ministerios y subsecretarías. En las instituciones,
en las empresas, en las asociaciones de cualquier tipo, se
repite un modelo similar.
Según
la información histórica que disponemos estos
modelos van cambiando, con distintas velocidades, según
una correlación directa entre los grandes avances científicos,
filosóficos y artísticos que alteran la forma
convencional de pensar sobre nosotros mismos. Ampliando nuestra
información alteramos modelos de pensamiento que deberán
ser reconocidos, comprendidos e incorporados.
Entonces
entendemos las cosas “instantáneamente”,
porque vivimos 24 horas por día, estemos durmiendo,
comiendo, o trabajando. Todos los distintos sectores nuestros
funcionan comunicados entre sí, pero autónomamente.
Y todos los procesos iniciados están en marcha, ocupándose
de su energía, de su auto organización, de su
replicación y de su estabilidad.
Nuestra
experiencia real.
Nuestra
actividad actual es idéntica al fenómeno vital,
que no se diferencia demasiado del impulso evolutivo. Así
lo viene haciendo desde hace cientos de millones de años,
acumulando experiencia. Casi 8 millones de años en
nuestra propia especie. No es poca experiencia y está
toda en nosotros mismos, cuando conseguimos oír la
voz de la experiencia, intuimos. Esa es la intuición.
La nuestra. La voz de toda nuestra experiencia.
Con
esta posibilidad de incorporar otras formas de percepción
de la realidad tal como es y no sólo como nos aparece
a primera vista, podemos volver a reflexionar sobre nuestro
objetivo general y sobre cada una de las etapas que nos faltan
por hacer, incorporando la experiencia acumulada por todos
nuestros antecesores en nosotros mismos.
Es
difícil suponer que no tengamos suficiente información
sobre las distintas variables que podemos emprender, y si
no la tuviéramos sería simplemente por la existencia
de una zona obscura, ininteligible, lo que no debería
producir otro efecto que el de incorporar, como tarea inmediata,
la iluminación de esa zona. Por el mismo método,
concentración, rememoración, imaginación,
clasificación, e intuición.
Si
tiene alguna sugerencia o duda sobre este capítulo
comuníquese con el autor, en alberto.costa@tiscali.es
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