| LAS
VENTAJAS DEL COACHING (ENTRENAMIENTO PSICOLÓGICO) Y LAS
POSIBILIDADES DEL AUTO COACHING. Por
Alberto Costa.
(Publicado
por Revista VIVIR con Salud, Noviembre 2003)
El
entrenamiento psicológico, Coaching, como cualquier
otro entrenamiento, se hace para lograr, alcanzar, conquistar,
resolver, o solucionar, un objetivo muy concreto. Desde nuestra
forma de entender este tema, el proceso de lograr un objetivo
puede ser, al mismo tiempo, una forma de aprender un método
que permitirá al que hoy es entrenado pasar a ser su
propio entrenador, hacer Auto Coaching, Auto Entrenamiento
Psicológico, para lograr cada vez que lo use, un mayor
desarrollo personal. Por este motivo explicaremos sintéticamente,
el método que nosotros usamos.
Primera etapa: La Concentración.
Lo más importante es la delimitación clara y
precisa del objetivo a conseguir. Esto no es fácil
en el coaching, porque toda dificultad que se plantea en el
ámbito psicológico suele estar mezclada con
otras dificultades no resueltas anteriormente. La primera
tarea, entonces, es "separar la paja del trigo".
Este ejemplo no es casual, lo más difícil, si
lo descomponemos en sus elementos constituyentes, aparece
extraordinariamente parecido a lo más fácil.
Lo más fácil es comparar todo nuestro funcionamiento,
incluido el psíquico, al funcionamiento de la naturaleza,
entendiendo que nosotros mismos, cada persona, es el mejor,
o el más comprensible, modelo de la naturaleza.
Desde
este punto de vista, el hecho de que un objetivo aparezca
muy mezclado con otros no nos debe sorprender ni preocupar.
Es natural. Saberlo y tenerlo en cuenta ayuda. La mezcla,
la confusión, el caos, están, siempre, en el
principio de cualquier proceso creativo, como el de intentar
un determinado logro de objetivos, por ejemplo. Parece una
repetición continua de lo que conocemos como el origen
del universo, y nosotros somos un micro universo, por lo que
es bastante lógico que, al comenzar una tarea, nos
encontremos con todo mezclado, en confusión.
Resulta
curioso deducir que de aquella tremenda energía que
generó el universo, teniendo en cuenta que la energía
puede transformarse, pero no desaparecer, nuestro deseo es
el heredero indiscutible. En nosotros, como representantes
individualizados de toda nuestra especie. Nuestro deseo es
el combustible necesario para cualquier tarea. Por lo tanto
lo utilizaremos para organizarnos, por orden de prioridades
naturalmente lógicas.
Nos
aseguraremos que el objetivo que elegimos esté perfectamente
sustentado, que cuente con los recursos básicos y que
sea, necesariamente, el próximo paso que debemos dar,
en el área que hayamos elegido, en nuestra área
personal, familiar, profesional, o en cualquier otra. En ese
momento es cuando podemos dirigir todo nuestro deseo a una
sola zona muy bien delimitada, así es como se concentra,
se centra en un solo punto, en lo que tenemos que hacer primero.
Segunda
etapa: La Memoria.
Cuando
revisamos nuestros recursos aparece uno que es como un iceberg,
muestra apenas una parte de toda su dimensión, es el
impulso evolutivo. Es una fuerza que está en nosotros,
viene de antes y seguirá estando después que
nos hayamos ido. Este impulso evolutivo esta en nuestra memoria,
la consciente, la inconsciente, la personal y la colectiva.
Nos
produce un cierto estremecimiento este hecho, pero también
un gran entusiasmo, porque es fácilmente reconocible
que, después del encuentro amoroso entre nuestros padres,
el que nos dio vida, nosotros comenzamos a ser nosotros, y
no tenemos más remedio que reconocer que nuestra conciencia
no tuvo ningún papel en nuestro desarrollo hasta nacer.
Como tampoco la tiene actualmente cuando dormimos y nuestro
organismo se mantiene activo. El impulso evolutivo nos ha
dotado con mecanismos no conscientes que se hacen cargo de
más funciones que la propia conciencia. Pero no son
ajenos a nosotros. Son una parte nuestra, casi desconocida,
pero nuestra.
La
memoria, por ejemplo, almacena no sólo todos los detalles,
hasta el más ínfimo, de todo lo que hemos vivido,
sino también todo lo aprendido por nuestra especie
desde su existencia. Esto significa que si conseguimos organizar
un intercambio consciente entre nuestras dos partes, nuestra
fuerza se multiplica, no sabemos por cuánto, suponemos
que no hay más límites que nuestra propia ignorancia.
Por lo que vemos que el reconocimiento de la dualidad, consciente
/ no-consciente, y la intención de integrarla hace
que el logro de nuestro objetivo se vea con mayor seguridad
y confianza.
Tercera
etapa: La Imaginación.
Aquí
conviene detenerse un momento y reflexionar. Hemos descubierto
fuerzas que no sabíamos que estaban y siempre estuvieron
ahí. Es más, dijimos que nos utilizaríamos
como modelos de la naturaleza y, como sabemos que todo interactúa
y se asemeja, vemos que esa dualidad que está en nosotros,
una parte claramente visible y otra más oscura, es
la misma que el día y la noche, el verano y el invierno,
la infancia y la vejez, la vida y la muerte. Todo rueda por
ciclos. Lo importante es incorporar esto a la conciencia y
ampliarla, lo más posible, paciente, pero constantemente.
Nuestros
sentidos nos informan, la traducción de esa información
debe ser lo más certera posible. Nuestros sentidos
más habituales de percepción son cinco, pero
la combinatoria matemática de 5 da 120, nada menos
que ciento veinte combinaciones posibles de percepción.
A estas habría que sumarle las emociones, las sensaciones
y los recuerdos. Es evidente que ajustar al máximo
la información que nuestros sentidos nos proporcionan,
nos permite profundizar la comprensión de las personas,
las situaciones y las cosas. Lo que, a su vez, nos permite
visualizar nuestro objetivo con mayor cantidad de detalles.
A
veces hablamos de la imaginación como si habláramos
de una maquinita de orquestar fantasías inalcanzables.
Imaginar es pensar en imágenes, ver con la mente. Al
hacernos una imagen de lo que queremos alcanzar, nuestro objetivo,
podemos ajustar detalles con más precisión.
Y es evidente que cuanto más clara y detallada tengamos
la meta, más fácil llegaremos.
Cuarta
etapa: La Clasificación.
Todo
lo que percibimos y lo que interpretamos de lo percibido y
lo que pensamos sobre lo percibido, lo clasificamos en nuestra
memoria de acuerdo a criterios y sistemas que utilizamos,
posiblemente, desde la adolescencia, a veces desde la infancia.
En cualquier caso es seguro que nuestro sistema de ideas es
anterior a la decisión que hemos tomado, la de lograr
un determinado objetivo. Esto complica nuestro funcionamiento.
Porque cuando se inicia un proceso que desembocará
en un mayor desarrollo personal, que es lo que siempre sucede
cuando se logra un objetivo deseado, tenemos que revisar todo
el sistema de ideas anterior, el que no incluía la
decisión tomada. Una especie de "limpieza de primavera".
De actualización.
Esto
es necesario porque a través de nuestra historia hemos
clasificado gran cantidad de información que aparece
cargada de sentimientos y emociones que tuvieron su sentido
en aquél momento, pero en el actual no. Hubo cambios
en nuestra relación con nosotros mismos y con el entorno,
por lo que inevitablemente debemos actualizar nuestro sistema
ideario, nuestros modelos de pensar. Especialmente en el ámbito
que atañe a nuestra tarea, la tarea es la que nos marca
la dirección a seguir y sus necesidades logísticas.
Somos,
simultáneamente, el instrumento de producción
de nuestro objetivo y el campo de acción donde opera
este instrumento. Estamos en un modelo de producción
de cambios. Cambios en nosotros, en nuestras circunstancias
y en nuestra forma de producir el producto privilegiado por
nuestro deseo. Por eso es más que conveniente que observemos
detenidamente la coincidencia, o el desvío, de nuestro
accionar con relación a nuestra forma de clasificar,
en nuestra memoria, que es nuestro archivo o fichero, las
nuevas asociaciones de ideas, sentimientos y emociones, ya
que son el material con el que trabajamos para el logro de
nuestro objetivo.
Quinta
etapa: La Intuición.
Si
le prestamos atención a nuestro lenguaje, veremos que
después de pasar por las anteriores etapas, reclama
un ajuste, esto es porque nuestro lenguaje refleja el estado
actual de nuestra conciencia. A mayor conciencia, mayor posibilidad
de acción. Nuestra mente incorpora, asocia y clasifica
la información de la realidad externa, mezclándola
con la que ya tenemos acumulada en nuestra memoria individual
y colectiva. De esta mezcla surgen nuevas formas de percepción.
Como
la intuición, que proviene de la limitación
de un campo de atención, de la concentración
en él, de la incorporación de los recuerdos
ilustrativos, del buen uso de la imaginación creativa
y de la clasificación correcta de todo el material
conseguido. Si a este conjunto le agregamos la posibilidad
de acceder a una comunicación directa con nuestra parte
genérica, inconsciente, que es la que sigue el impulso
evolutivo, llegamos a la intuición.
La
comunicación entre lo que somos y lo que fue el desarrollo
de toda nuestra especie, camino que está inscripto
en nuestra memoria histórica y también en nuestros
genes, es la intuición. La voz de la experiencia. Casi
8 millones de años de experiencia acumulada y registrada
detalladamente. Cuando conseguimos oír esa voz, intuimos.
Así es la intuición, surge como "una percepción
interna y fugaz de una idea o una verdad que aparece como
indudable a quien la tiene". Es la voz de la experiencia,
no duda.
Sexta
etapa: El Cambio.
Cuando
aprendemos algo de nosotros mismos ya no podemos volver atrás,
nos encontramos en una situación distinta. Somos distintos.
Hemos cambiado en lo que más nos interesa actualmente,
en la forma de percibirnos con relación a nuestro objetivo
principal. El cambio es interno y determina nuestra percepción
de lo externo, nos da la seguridad de que nuestro conocimiento
comienza por muy poco y se va ampliando, en la medida que
utilicemos, atenta y conscientemente alertas, a estos cinco
principios activos que constituyen a este modelo de producción
que estamos comenzando a utilizar.
Sabemos
que si alimentamos a nuestra mente con percepciones bien definidas
y verificadas, haciendo uso de toda la memoria colectiva,
de la más libre imaginación creadora y nos aseguramos
de clasificar todo correctamente, nos beneficiaremos con la
enseñanza interna de la intuición. Ésta
nos indica el cambio más importante que se da en nuestros
modelos de pensamiento, para conseguir algo no tenemos que
estar en contra de nada más que de nuestra propia ignorancia
sobre algunos aspectos del tema que nos ocupa.
Al
conectarnos con nuestras nuevas fuerzas auxiliares, que son
totalmente auténticas, las que están en nuestra
parte inconsciente, hemos logrado la visualización
de una fuente energética inconmensurable. Con calma
y desde una voluntad de integración total, viendo que
la mayoría de los obstáculos que suponíamos
entre nosotros y nuestro objetivo no eran tan grandes como
nuestro desconocimiento sobre ellos, podemos utilizar una
forma de cooperación, induciendo a nuestro inconsciente
a que elabore respuestas para preguntas concretas. Es algo
muy similar al proceso de siembra, una sola semilla por vez,
equivalente a cada pregunta, y esperar a su cosecha, la respuesta.
El tiempo es subjetivo.
Séptima
etapa: Los Logros.
Esta
etapa, la verdadera, tendría que describirla cada uno
de los que hayan llegado hasta aquí. El conocimiento
de los logros es individual, existe una ley de crecimientos
desparejos y distintos, que ratifica la particularidad de
cada uno, debemos poner en primer plano a nuestro objetivo
y, desde él, podremos evaluarnos y analizar los logros.
Que
quede muy claro que no hemos buscado, ni encontrado, ningún
elemento extraño a la naturaleza de las personas. Más
bien nos detuvimos en los elementos que conforman esta naturaleza
y descubrimos que el lenguaje cotidiano y el pensamiento usual
que lo acompaña, tienden a restarle importancia a casi
todos los instrumentos y sistemas que las personas traemos
desde nuestro nacimiento y que son el producto de más
de 8 millones de años de evolución.
Esta
tendencia tan negativa y poco enriquecedora está motivada
por la inercia, la propiedad de los cuerpos, en este caso
de los cerebros, de no modificar su estado de reposo o de
movimiento, si no es por la acción de una fuerza, que
puede romper lo no creativo, la inmovilidad, o el movimiento
sin dirección predeterminada, esta fuerza es nuestro
deseo, en acción, transformado en voluntad. Ese es
el poder definidor.
Rota
la inercia, con cada logro de un objetivo, aprendemos más
de nosotros mismos y de nuestras posibilidades, lo que nos
permitirá afrontar el siguiente objetivo con mayor
eficacia. Un punto de llegada es, al mismo tiempo, el inicio
de un nuevo ciclo. Indefinidamente. Como la vida misma.
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