Alberto Costa es un estudioso de la condición humana. Trabaja como Psicoterapeuta Experto en Coaching, asesorando y respondiendo a las consultas que le hacen sobre Logro de Objetivos y Desarrollo Personal y Profesional. Atiende personalmente, en su consultorio o en Internet, a clientes individuales, grupales e institucionales, además de dar charlas y escribir sobre el tema. Publicó, en 2003, su GUÍA PRÁCTICA PARA EL LOGRO DE OBJETIVOS, y varios artículos en periódicos y revistas, como Espacio Humano, Consumo, Verdemente, Indicador Económico, Vivir con Salud y Nueva Empresa. Actualmente está escribiendo “Un viaje por La Rueda de la Fortuna”. Durante varios años dictó el seminario "Aspectos Psico-sociales de la Producción Grupal" y fue Co-Director de la Asociación Ícaro y Director del Área de Psicoterapia Grupal en el Centro Asistencial Médico-Psicoterapéutico de la misma Asociación.



LO DEL 11-M por Alberto Costa

(Publicado por Revista Consumo en Mayo de 2004)


A 300 metros de mi casa, al lado de la estación de cercanías de Santa Eugenia, ha quedado un cartel que dice: “No estamos todos, faltan 191”. Ahora, algunos periódicos redondean, 190 muertos y más de 1900 heridos. Los que faltan nos han dejado un agujero que es imposible tapar. Hay que vivir con él, con la ausencia de los que se fueron. Y con el dolor y el sufrimiento de los heridos. Y de los que se quedaron. La gran pregunta es cómo. Porque lo que nos ha cambiado la vida a todos, absolutamente a todos, es no poder contestar al porqué.

Los familiares y los que fuimos testigos y nos sentimos familiares también, necesitamos encontrar razones, porque después sucedió lo de Leganés. Y vimos todo. Especialmente la amenaza de que seguirían sucediendo acontecimientos iguales y que habrían más muertos y más heridos y más destrozos. ¿Porqué? Seguimos preguntándonos porqué. Nuestra mente necesita explicaciones. Nuestra mente rige todo nuestro funcionamiento individual, familiar y social. Y no consigue entender lo sucedido y, por consiguiente, no consigue elaborar la nueva situación que estamos viviendo.

Lo normal es buscar responsables, alguien a quien culpabilizar, parece que eso nos tranquilizaría. Sin embargo no es así, lo que nos perturba es nuestro propio papel, o lugar, en los acontecimientos, nada es casual, un tiempo antes del 11-M los periódicos, las televisiones, las radios, nos decían que se esperaba un golpe terrorista en Madrid. Y sucedió. Hasta parece lógico. Pero, ¿qué tipo de lógica es esa? ¿cómo puede conformarnos? ¿cómo podemos aceptarla, así, sin más? Decimos que ya no estamos todos, que faltan más de 190 personas, igualitas a nosotros, y que hubo más de 1900 personas heridas, ¿cómo podemos aceptar que días antes se diga que va a suceder y que simplemente suceda? ¿en qué lugar nos deja? ¿cuál es nuestro papel?

Posiblemente estas reflexiones nos ayuden a entender que las pérdidas que hemos sufrido y el dolor, incluso el miedo que estamos sufriendo ahora, tienen que ver con un gran descuido de toda nuestra sociedad. Todos hemos delegado demasiado. Nuestros gobernantes tienen demasiada autonomía. Nosotros tenemos muy pocos medios para exigirles el cumplimiento de nuestra voluntad. Hemos salido millones de personas a la calle, pidiendo y exigiendo que se le diga no a la guerra, pero no se hizo así. Tal vez, si encontráramos formas de modificar ese orden en que están las cosas, podríamos llegar a estar más tranquilos.

Es evidente que los que cometieron errores de apreciación viajaban en coches blindados y los que sufrieron las consecuencias del terrorismo viajaban en tren de cercanías. Y en recuerdo de ellos y porque somos muchos los que seguimos viajando en tren y en metro y en autobús, no queremos, ni debemos, mantenernos ajenos a las decisiones que se tomen sobre nuestra seguridad personal. Porque desde hace siglos sabemos que uno cosecha lo que siembra. Y nos ha quedado muy claro, a sangre y fuego nos lo han enseñado, que debemos opinar y conseguir que se tenga en cuenta nuestra opinión, sobre lo que vamos a sembrar, en todos los aspectos y en todos los ámbitos.

A veces sucede que separamos a un familiar, a un amigo, o a un vecino, del total de muertos y heridos que hubo ese día inolvidable, el 11-M, y procuramos encontrar consuelo así, en forma individual. Así es muy difícil. Fue un hecho social. Lo individual de cada caso, incluso lo familiar, no puede dejar de tener en cuenta lo social. No podemos, o no debemos, buscar explicación de su muerte en sus propias vidas. Quizás la parte más siniestra de la respuesta al ¿porqué a él, o a ella, o a ellos?, es porque sí, por casualidad, porque estaban ahí. El ataque fue contra todos, contra Madrid, contra España, y lo pagaron ellos. Como los empleados que trabajaban en las Torres Gemelas en Nueva York. Sin que fuera nada personal.

Con eso hay que enfrentarse y con eso hay que vivir. No sin preguntarse de qué manera. ¿Vivir cómo? ¿Igual? ¿Sometidos a la posibilidad de que una respuesta política equivocada pueda llevarnos a una situación igual a la del 11-M? Es cierto que cualquiera puede equivocarse, pero cuando están en juego las vidas de personas inocentes ajenas a los acontecimientos geo-políticos, es mejor que la decisión la tomemos entre todos, con un Referéndum, por ejemplo.

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© 2003. Alberto Costa.