LO DEL 11-M por Alberto Costa
(Publicado por Revista Consumo en Mayo de 2004)
A 300 metros de mi casa, al lado de la estación de
cercanías de Santa Eugenia, ha quedado un cartel que
dice: “No estamos todos, faltan 191”. Ahora, algunos
periódicos redondean, 190 muertos y más de 1900
heridos. Los que faltan nos han dejado un agujero que es imposible
tapar. Hay que vivir con él, con la ausencia de los
que se fueron. Y con el dolor y el sufrimiento de los heridos.
Y de los que se quedaron. La gran pregunta es cómo.
Porque lo que nos ha cambiado la vida a todos, absolutamente
a todos, es no poder contestar al porqué.
Los familiares y los que fuimos testigos y
nos sentimos familiares también, necesitamos encontrar
razones, porque después sucedió lo de Leganés.
Y vimos todo. Especialmente la amenaza de que seguirían
sucediendo acontecimientos iguales y que habrían más
muertos y más heridos y más destrozos. ¿Porqué?
Seguimos preguntándonos porqué. Nuestra mente
necesita explicaciones. Nuestra mente rige todo nuestro funcionamiento
individual, familiar y social. Y no consigue entender lo sucedido
y, por consiguiente, no consigue elaborar la nueva situación
que estamos viviendo.
Lo normal es buscar responsables, alguien
a quien culpabilizar, parece que eso nos tranquilizaría.
Sin embargo no es así, lo que nos perturba es nuestro
propio papel, o lugar, en los acontecimientos, nada es casual,
un tiempo antes del 11-M los periódicos, las televisiones,
las radios, nos decían que se esperaba un golpe terrorista
en Madrid. Y sucedió. Hasta parece lógico. Pero,
¿qué tipo de lógica es esa? ¿cómo
puede conformarnos? ¿cómo podemos aceptarla,
así, sin más? Decimos que ya no estamos todos,
que faltan más de 190 personas, igualitas a nosotros,
y que hubo más de 1900 personas heridas, ¿cómo
podemos aceptar que días antes se diga que va a suceder
y que simplemente suceda? ¿en qué lugar nos
deja? ¿cuál es nuestro papel?
Posiblemente estas reflexiones nos ayuden
a entender que las pérdidas que hemos sufrido y el
dolor, incluso el miedo que estamos sufriendo ahora, tienen
que ver con un gran descuido de toda nuestra sociedad. Todos
hemos delegado demasiado. Nuestros gobernantes tienen demasiada
autonomía. Nosotros tenemos muy pocos medios para exigirles
el cumplimiento de nuestra voluntad. Hemos salido millones
de personas a la calle, pidiendo y exigiendo que se le diga
no a la guerra, pero no se hizo así. Tal vez, si encontráramos
formas de modificar ese orden en que están las cosas,
podríamos llegar a estar más tranquilos.
Es evidente que los que cometieron errores
de apreciación viajaban en coches blindados y los que
sufrieron las consecuencias del terrorismo viajaban en tren
de cercanías. Y en recuerdo de ellos y porque somos
muchos los que seguimos viajando en tren y en metro y en autobús,
no queremos, ni debemos, mantenernos ajenos a las decisiones
que se tomen sobre nuestra seguridad personal. Porque desde
hace siglos sabemos que uno cosecha lo que siembra. Y nos
ha quedado muy claro, a sangre y fuego nos lo han enseñado,
que debemos opinar y conseguir que se tenga en cuenta nuestra
opinión, sobre lo que vamos a sembrar, en todos los
aspectos y en todos los ámbitos.
A veces sucede que separamos a un familiar,
a un amigo, o a un vecino, del total de muertos y heridos
que hubo ese día inolvidable, el 11-M, y procuramos
encontrar consuelo así, en forma individual. Así
es muy difícil. Fue un hecho social. Lo individual
de cada caso, incluso lo familiar, no puede dejar de tener
en cuenta lo social. No podemos, o no debemos, buscar explicación
de su muerte en sus propias vidas. Quizás la parte
más siniestra de la respuesta al ¿porqué
a él, o a ella, o a ellos?, es porque sí, por
casualidad, porque estaban ahí. El ataque fue contra
todos, contra Madrid, contra España, y lo pagaron ellos.
Como los empleados que trabajaban en las Torres Gemelas en
Nueva York. Sin que fuera nada personal.
Con eso hay que enfrentarse y con eso hay
que vivir. No sin preguntarse de qué manera. ¿Vivir
cómo? ¿Igual? ¿Sometidos a la posibilidad
de que una respuesta política equivocada pueda llevarnos
a una situación igual a la del 11-M? Es cierto que
cualquiera puede equivocarse, pero cuando están en
juego las vidas de personas inocentes ajenas a los acontecimientos
geo-políticos, es mejor que la decisión la tomemos
entre todos, con un Referéndum, por ejemplo.
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