7. LOS LOGROS Este
capítulo, el verdadero, tendría que escribirlo
cada uno de los que hayan llegado hasta aquí. El conocimiento
de los logros es individual, existe una ley de crecimientos
desparejos o distintos, que ratifica la particularidad de
cada uno. Como en todo proceso debemos poner en primer término
a nuestro objetivo y, desde él, podremos evaluarnos
y analizar los logros.
Queda
muy claro que no hemos buscado, ni encontrado, ningún
elemento extraño a la naturaleza de las personas. Más
bien nos detuvimos en los elementos que conforman esta naturaleza
y descubrimos que el lenguaje cotidiano y el pensamiento usual
que lo acompaña, tienden a restarle importancia a casi
todos los instrumentos y sistemas que las personas traemos
desde nuestro nacimiento y que son el producto de más
de 8 millones de años de evolución de nuestra
especie, en Europa.
Esta
tendencia tan negativa y poco enriquecedora está motivada
por la inercia, la propiedad de los cuerpos, en este caso
de los cerebros, de no modificar su estado de reposo o de
movimiento si no es por la acción de una fuerza.
La
fuerza que puede romper la inercia, lo no creativo, la inmovilidad,
o el movimiento sin dirección predeterminada, es nuestro
deseo, dirigido hacia un área muy bien medida y delimitada,
en acción, transformado en voluntad. Ese es el poder
definidor.
Es
evidente que nuestra capacidad perceptiva, memorizante, imaginativa,
razonadora e intuitiva, dirigida hacia un objetivo delimitado
correctamente, nos da la pauta de nuestro verdadero poder.
De poder hacer lo que de verdad deseamos hacer.
Rota
la inercia, en cada logro de un objetivo aprendemos más
de nosotros mismos y de nuestras posibilidades, lo que nos
permitirá afrontar el próximo acontecimiento
con mayor eficacia y más aprendizaje. Un punto de llegada
es, al mismo tiempo, el inicio de un nuevo ciclo de espiral.
Indefinidamente. Como la vida misma.
De
nuestra propia experiencia de vida hemos conseguido los elementos
necesarios para recuperar un concepto de nosotros mismos más
amplio y abierto. Un concepto que integra los dos aspectos
principales de todas las personas, lo consciente y lo inconsciente.
Del
inconsciente sabemos que seguirá siendo como un iceberg,
mostrará sólo una pequeña parte. Pero
también sabemos que, con un objetivo limitado, podemos
buscar y encontrar mucho más. Y la mezcla de los elementos
nuevos con todos los ya existentes es la que origina mejores
y más poderosos modelos creativos.
Y
esto, que suena tan sencillo, nos coloca en una situación
arquetípica. De pronto, en una imagen, como en una
foto, estamos en la misma posición que están
los diversos símbolos del triunfador, en textos, en
cuadros, en estatuas. Con ese conocimiento de nuestras verdaderas
posibilidades y con el Modelo de Creatividad Personal que
ese conocimiento origina estamos de pie, sobre un carruaje
ligero, tirado por dos caballos briosos.
El
carruaje representa al cuerpo, la mente lleva las riendas
que dominan a los caballos, que son los instintos vitales.
Es el símbolo de la victoria. Se da en el momento en
que entendemos que para el éxito solo necesitamos saber,
poder, animarnos y hacer.
Si
tiene alguna sugerencia o duda sobre este capítulo
comuníquese con el autor, en alberto.costa@tiscali.es
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