Alberto Costa es un estudioso de la condición humana. Trabaja como Psicoterapeuta Experto en Coaching, asesorando y respondiendo a las consultas que le hacen sobre Logro de Objetivos y Desarrollo Personal y Profesional. Atiende personalmente, en su consultorio o en Internet, a clientes individuales, grupales e institucionales, además de dar charlas y escribir sobre el tema. Publicó, en 2003, su GUÍA PRÁCTICA PARA EL LOGRO DE OBJETIVOS, y varios artículos en periódicos y revistas, como Espacio Humano, Consumo, Verdemente, Indicador Económico, Vivir con Salud y Nueva Empresa. Actualmente está escribiendo “Un viaje por La Rueda de la Fortuna”. Durante varios años dictó el seminario "Aspectos Psico-sociales de la Producción Grupal" y fue Co-Director de la Asociación Ícaro y Director del Área de Psicoterapia Grupal en el Centro Asistencial Médico-Psicoterapéutico de la misma Asociación.



CARA, CRUZ Y CANTO

ANTOJOLÍA POÉTICA DE
ALBERTO COSTA

OTRO MÁS

Yo no veo
inconveniente
sacarme el corazón
y llevarlo flameando,
como una bandera.

COSTUMBRES

Uno se acostumbra
a vestirse muy de mañana
a elegir cuidadosamente una corbata
a sonreír
a decir buenos días
y yo venía a ofrecerle...

Uno se acostumbra
a tantas cosas absurdas
y sin embargo cualquier día
desde atrás de un buzón
o dando vuelta a la esquina
se nos aparece el amor
y sabemos que debería quedarse
para siempre.

Pero nos cuesta acostumbrarnos
a cortarle una flor al aire,
a pintarle bigotes a la luna
y a reírnos,
a reírnos con el amor,
que debería quedarse
para siempre.


MILONGA

Cualquier día de estos
me acuesto con mi mujer
y no me levanto más.
ya estoy cansado de regular
mis emociones
y de ponerle freno a la alegría
desde no sé dónde
me salen ganas
de romper definitivamente
con la tristeza
de cortarle la cabeza al miedo
y de bailarme una milonga
con la vida.

Ya estoy casi decidido
a volar,
sólo me falta
darle paso libre
a mi corazón.


LA LECCIÓN DEL TANGO

Ahora mismo,
estoy en el momento después.
Una moneda surcó el aire
y al caer definió el resto de mis días.

Nada es claro
hasta los versos son turbios,
evocadores de veinte años
vividos a la deriva.

Ahora mismo,
cuando por fin veo,
el desconcierto apaga mi voz,
acongoja la garganta
y los ojos, yo no sé,

se desbordan, se salen de madre
las lágrimas descausadas,
como una riada
que provoca sollozos y apagones.

No quedan imágenes claras.
Todo lo arrastra
el cúmulo de lágrimas.

Ahora mismo,
veinte años después
acepto las condiciones:
ya no podré trepar al obelisco
ni andar sobre las aguas.
Pero aún amo al amor
y ya es bastante.


VOLVER

Con la frente marchita sí
enfrentándome con la poesía
que como tantas otras cosas
pretende imponerme sus normas,
sus patricias, sus victorias,
todas con sus manuales de buenos procedimientos.

Prohibido prohibir dicen que decían
las paredes
cuando no estaban tan lavadas
las cosas,
tan desteñidas, tan úselas y tírelas,
tan respetuosas de los usos de usamérica.

Para mi la vida necesita poesía,
tal vez por eso sigo buscando,
rescatando mi furia contra todo,
contra todos,
los que saben siempre lo que dicen,
los que no dudan,
los que no tienen memoria,
los que siempre saben
cómo son las cosas.

Porqué digo yo,
porqué será que no me entero.
Porqué tan impertinente,
insistiendo con la poesía,
con palabras ajenas,
con imágenes resabidas,
sin metáforas, sin pajaritos,
sin azules,
con la frente marchita sí,
aunque
sin casita de mis viejos,
sin casita mía,
sin nada,
o apenas la sombra,
de una lejana derrota.


TERTULIA

Con voz queda y rugosa,
con sentimientos confusos,
con imágenes difuminadas,
con poca seguridad en mis percepciones,
recreo la Tertulia, con mis amigos,
al pie del Cerro Almodóvar.

Como en la vida misma los amigos
no lo son tanto, o no lo son todos.
hay algunos que usan unas miradas
como las que deben usar en los juicios,
de dónde esas miradas
que aparcan la amistad,
obligando a pensar en la justicia
divina, o de vinos,
que pagan los que pueden,
porque quieren, supongo, o me opongo
a que tanto tienes tanto vales,
tienes qué, qué tienes, qué tenemos.

Acaso amigos entrañables,
insoportables, neutrales,
amigos que no tanto o que no tan poco,
amigos que si, pero no, o tal vez,
tantos que no tan amigos,
y muchos que más que amigos,
y amigas, claro está,
pero ellas son de otro sueño.


LABERINTOS

Que no te cuente los detalles,
o sea, que no mencione el dolor,
ni mucho menos la pobreza,
ni los abandonos, ni las pérdidas,
ni el cambio de rumbo,
a pesar del viento
contra la cara,
ni el esfuerzo que supone
mantenerse en el duro asunto de vivir.

Que no te cuente los detalles,
es decir, el desamparo, el desamor,
las raíces a tu lado, frágiles, sí,
pero sostenidas a través de los años
con poquita agua y mucho, mucho corazón.

Siempre volvemos al tango.
No me importa el dolor ni la pena

que supuso verte crecer cerca de mí
sin poder invitarte, ni llevarte
más allá del Parque Retiro,
ni pagarte las pesetas que un día loco te pedí.


De tú a tú y con cariño

no te pierdas lo que queda,
no te esperes a extrañarme,
mírame a los ojos,
y pregúntate simplemente
cómo es el frío laberinto por el que día a día
yo solito debo pasar.

 

EL VERBO

Hace años que estoy en esto
de pedirle cosas al amor
de exigirle cosas a la gente.

Hace años que busco al verbo
que rompa de una vez y para siempre
este cerco, esta imposibilidad
de soplar y dar vida.

A veces siento que me sobra
un beso grande
que podría habérselo
entregado al día
o un abrazo
o una palabra exacta
para decirla en la noche.

Me faltó tiempo demasiadas veces.
Me quedé con demasiadas cosas encima.
Por eso estos versos.
Por eso la poesía.


PARECERES

A veces
uno se embarca
en la alegría
por tener mujer y compañera
entonces la vida
parece fácil
o en todo caso
no importa
que nos duela.


LAS COSAS LENTAS

La felicidad por ejemplo,
mis manos trazando
sutiles convocatorias
sobre tu espalda,
tu espalda arqueada, pero al revés,
tu frente buscando el suelo
cubierto de recuerdos,
de sueños, de sueñitos,
de tristes esperanzas.

La felicidad por ejemplo,
una calle que mantenga
sus árboles en las dos aceras,

(con acequias si fuera posible)

un cielo enorme,
un pedazo de tierra en celo,
un lugar para colgar carteles,
para poner un colchón,
para tener un hijo,
una canción, una bandera,

La felicidad por ejemplo.
Tan dulce, tan triste, tan lenta.


CHISPITAS

Las chispitas de sus ojos
por sobre todas las cosas,
pero también sus labios
siempre prometedores,
y su alma para mí
como un apoyo
un abrazo / mano extendida.

Como si por ella siguiera mi vida,
lánguida, pero mía,
distinta y desconcertada
pero mía.

Aunque después de tantos años
de sombras y de turbios secretos
se hayan forzado
clandestinas revelaciones
de la noche y del viento.

(Un mundo fracturado, ya se sabe,
provoca reflexiones dolorosas
impregnadas de desaliento)

Entonces su tibia dulzura
fue el rescate,
por su amor fui redimido,
perdonado, absuelto,
y nuevamente condenado,
a las ganas y al deseo.


RAÍCES

Como metido en un sueño te acaricio,
me abrazo a ti cuando se apaga el día
y cuando amanece me abrazo a ti
y tú con un beso
dulcificas las sombras.


¿Dónde estabas antes?
¿porqué yo tan solo

como buscándote?
es decir,
tus ojos, o tus labios
o tú misma,
de una sola pieza,

o contigo la calma y la serenidad,
contigo y conmigo.

Los dos por ti,
enterrando miedos y padeceres,
construyendo risas y fragancias,
vos o tú, de ti, o de vos, para mí,
yo a ti y por vos, los dos juntos,
porque sí,
porque nos arraigamos
y di que sí.

CONFIDENCIAS

Acaso el asombro ante el abismo
produce los escalofríos,

los temores imprecisos
que demarcan la soledad y sus fabulaciones.

Son momentos extraños y triviales,
como confidencias del viento que movilizan
el delicado equilibrio de la memoria.

Son recuerdos de otras sombras,
de otros momentos,
de otras traiciones.

Los espejos íntimos muestran
imágenes equívocas.

Mezclas engañosas de causas y efectos
golpean la cabeza desde adentro,
como si se estuviera a la espera
del veredicto de ese juicio inapelable
que está agazapado en la propia conciencia
del hombre.

Escarbando en los orígenes
el hombre se pregunta por su sino
consulta al tarot, a las estrellas,
sabe que persigue aquello que se le escapa,
que todo rueda,
que el aliento se agota,
que las preguntas son estériles,
pero sigue y se asombra y se abisma.



EL BARRIO DE SANTA EUGENIA

Será que Santa Eugenia conecta
directamente con la infancia
que se mantiene viva y juguetona
como la esperanza en la caja de Pandora,
distanciada de las calamidades.

Será que eso de sentir el barrio
metido en la sangre,
de conocer cada olivo, cada almendro,
cada una de sus baldosas,
puentes y vecinos,
es como definir la aldea,
que decía el León.
Será que Santa Eugenia
acaricia los recuerdos
que nos colocan en un espacio
que creíamos definitivamente perdido,
en donde hay amigos pasados de moda
que todavía se la juegan por cariño.

Será que el barrio,
con sus verdes y su gente,
atrapa lo entrañable,
la niñez, los pinares, la cerveza,
pero, por sobre todas las cosas
la amistad,
la que nos da fuerzas en esta transición,
en este penúltimo trecho de la alegría.

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